Maenadas

Yo antes decía que, como mi trabajo conlleva estar en eventos y vivir rodeado de gente todo el tiempo, los fines de semana prefería recargar energías emocionales quedándome trancado en la casa. Yo era feliz con ese pequeño equilibrio. Ahora que ese tranque es forzado y total, me doy cuenta de cuánta falta me hace su contraparte para mantener mi salud mental.

Seguramente lo mismo le está pasando a ustedes en su nuevo día a día, en esta covidianidad. Quizás hasta se han dado cuenta de que no hay nada que dispare los pleitos entre parejas y familiares como la fricción constante, porque nuestra presencia está en estado puro y sin diluir por el trabajo o las diligencias o las salidas sociales. Todo el mundo está peleando, con los nervios de punta — y esos grupos de WhatsApp están que botan fuego —.

Por eso consulté a una profesional de la salud mental, Valentina Vargas, para que compartiera sus recomendaciones para ayudarnos a cuidar nuestro bienestar emocional en estos días tan monótonos como impredecibles. Valentina tiene más de 20 años de experiencia como psicóloga clínica — y en particular en primeros auxilios psicológicos, algo que se está implementando con éxito globalmente en situaciones de catástrofe colectiva, como esta —. Aquí están sus consejos.

LA EXPERTA: VALENTINA VARGAS
Psicóloga clínica

[1] Consumir la información de forma racional

Para no generar miedo o pánico, estrés o ansiedad anticipatoria, necesitamos consumir la información de forma racional. ¿Qué significa esto? La primera reacción que tenemos ante estas informaciones es el descontrol emocional, y por necesitamos que antes de ser evaluada o expresada al núcleo familiar pase por algún tipo de cedazo. Hay que evitar el exceso de información y ocupar el sentido común, porque no todas las noticias y lo que llega por los grupos de WhatsApp van a ejercer una influencia sana. No se puede traspasar información poco científica que genere o aumente el pánico.

El miedo en los seres humanos genera un nivel de estrés muy negativo, y todo nivel de estrés alto genera respuestas biológicas en los organismos, que degeneran tanto el funcionamiento metabólico como su salud en términos físicos. Mientras más miedo generamos individualmente, esto implica una inmunodepresión del sistema que nos protege. El miedo solo puede generar más inestabilidad emocional y del funcionamiento básico del organismo.

Por eso recomiendo pensar esto: quien debe ser racional eres tú. No podemos exigirle un patrón de racionalidad al otro, pero sí podemos consumir de forma racional. Tenemos que esperar que todo el mundo hable, se relaje, bote y vomite, y luego de forma muy autocontrolada generar una discriminación informativa. Apelemos a las características que tenemos como seres humanos — porque aplicar el sentido común es algo que nos identifica como organismo —.

[2] Determinar cuáles son los grupos de importancia

Tenemos que mantener activos los grupos determinantes, tanto en redes sociales como en WhatsApp. Tenemos que mantener la comunicación necesaria con los grupos de importancia. Y ojo: el tipo con el que jugamos dominó no es un grupo de importancia. Esos son los grupos que tienen de generar desinformación, porque quizás tienen percepciones distintas de la situación. Hay que tratar de suprimir los grupos irrelevantes a los que pertenecemos, porque necesitamos impedir una contaminación negativa. Hay que reducir los grupos de pertenencia y quedarse con los de más importancia.

[3] Mantener y proyectar una actitud positiva

No nos estamos muriendo nosotros, pero hay gente que se está muriendo. La actitud ante esto debe ser lo más positiva posible. Necesitamos resistir y que nuestro entorno resista. No es tapar la realidad, sino promover la esperanza y la alegría. Al lavarnos las manos, practicando el distanciamiento social, no andar visitando gente y saliendo de casa solo lo necesario nos estamos protegiendo… y cuidándonos nosotros cuidamos a los demás. Al llegar a la casa lavemos la ropa, pongamos la mascarilla al sol o desechémosla y hagamos todo con actitud positiva, sin actitud de pánico. Eso aumenta nuestras endorfinas, dopaminas y serotonina a nivel de neurotransmisores. Esto posibilitara a la larga, una mejor resistencia orgánica a los embates de la pandemia. Pero mantener una actitud positiva no significa tapar el sol con un dedo, mantenga todas las medidas de seguridad sanitaria, no se confié, hágalo por ud y por los demás, pero sea positivo y proactivo, colabore, sea solidario, haga lo que este a su alcance para que su entorno y ud mismo se mantengan sanos y asertivos.

[4] Mantener la ansiedad a raya con ayuda física

Si nos encontramos en un núcleo familiar hay que evitar estar peleando por tonterías. Hay que organizar la vida familiar, porque somos un grupo social con capacidad de organizarnos. Imaginen una madre sobregirada porque debe teletrabajar, atender el lavado, la cocina y el aseo. Hay que dividir las tareas.

Esto tiene un beneficio colateral para todos: mantener la actividad física rebaja la ansiedad. La actividad debe ser física, no solo intelectual, para mantener a raya la ansiedad. Esto es porque tiene la característica de invadirnos con pensamientos negativos que seguimos rumiando — y no hay libro o película que pueda pararlo —. Sin embargo, si nos ponemos a cocinar y regar las matas o a hacer un poco de ejercicio, la ansiedad baja. Por eso, al repartir las tareas de la casa de forma colectiva estamos ayudando a minimizar los patrones de ansiedad de todos.

[5] Usar las herramientas de relajación

Aquellos que tengan una buena disciplina con estructuras de relajación o meditación, o práctica en yoga y pilates, deben poner en práctica lo que conocen. Eso ayuda a evitar las crisis internas, porque no sabemos cuánto va a durar esto… pero desesperarnos no es el camino.

Maenadas

Si ustedes son cabezas de empresa o trabajadores independientes, ¿se acuerdan de cuántas veces nos dijeron que tuviéramos un gran clavo ahorrado en caso de que pasara alguna vaina? Bueno: la vaina llegó.

Los negocios considerados esenciales siguen operando aun con el ataque del coronavirus; otros como Maeno&Co tenemos la suerte de, aunque nuestras operaciones se han visto reducidas, podemos seguir teletrabajando. Muchos se están viendo obligados a tomar la decisión de cerrar sus puertas — en algunos casos por tiempo indefinido o, lamentablemente, de forma permanente —.

En los 10 años de existencia que tiene la agencia he tenido la dicha de recibir la asesoría de Adolfo Trinidad, el experto en contabilidad que nos mantiene por la rayita con nuestros deberes tributarios y nos ayuda a tomar las mejores decisiones financieras. Por eso, en medio de esta incertidumbre generalizada quise preguntarle: ¿Qué debemos hacer las PyMEs para resguardarnos económicamente en tiempo de coronavirus?

EL EXPERTO: ADOLFO TRINIDAD
Asesor en contabilidad

[1] Finalmente hacer el famoso presupuesto

La mayoría de los pequeños empresarios no hace el famoso presupuesto, y es un error. Todo el que entienda que pueda tener su negocio en marcha en la próxima temporada debe empezar por el presupuesto. Hay que definir los gastos con certeza, proyectado a tres meses, esperando que pase la resaca. Son 90 días sabiendo que hay que cubrir la nómina y los servicios para seguir operando.

Ningún ciudadano de a pie es experto en presupuesto, porque es un aspecto muy técnico, pero sí pueden definir cuáles son las prioridades obligatorias. Esto es importante para que las empresas no comiencen a salir de lo prudente. ¿Qué quiere decir eso? Que quizás el pago del alquiler del local no sea una prioridad obligatoria, porque puede que el propietario acepte llegar a una negociación o que, como plan B, puedan reducir el tamaño de las instalaciones mudándose a un local menos costoso. Por eso digo: el presupuesto no es lo que quisiéramos, sino lo necesario.

[2] Saber que el efectivo es rey

La segunda prioridad es, en la medida de lo posible, tener efectivo a mano. En el mejor de los casos esa liquidez la da el efectivo que estaba disponible en bancos, más el dinero de la empresa que tienen los clientes en mano.

En el caso del primero, es importante diversificar el ahorro y no poner todos los huevos en una canasta. No se debe tener todos los fondos en una institución financiera ni en una sola moneda — de hecho, yo recomiendo tener por lo menos el 30 por ciento en dólares, que es la moneda más accesible para nosotros después del peso —. Y luego de esto, hay que tratar de tener siempre efectivo en bóveda, si no se cuenta con una caja fuerte — y estamos hablando de por lo menos un 10 por ciento del capital líquido —. Lo importante es tener fácil acceso para cualquier tipo de contingencia.

En el caso del segundo, es conveniente renegociar deudas con esas cuentas, tratando de darles algún tipo de descuento o la facilidad de pago en plazos, para tratar de que eso se traduzca en efectivo para la empresa.

[3] Renegociar los compromisos

Así como sugiero ofrecer descuentos y plazos a los clientes, asimismo será necesario renegociar los compromisos con los proveedores o con las instituciones financieras, para llevar los pagos a plazos manejables.

En el caso de los préstamos, el Estado puso dinero a disposición de la banca, lo cual nos permite renegociar tanto las deudas de compromisos anteriores como las futuras. Ese dinero va a estar disponible a intereses atractivos y plazos factibles. Pero hago hincapié en la prudencia, porque esto debe ser para tener fondos de contingencia, y no para utilizarse en cosas innecesarias.

[4] Solicitar facilidades a la DGII

Va a ser necesario para muchos postergar los pagos tributarios que tenemos ahora y que vamos a tener a futuro. Por eso es importante acudir a la DGII para renegociarlos en caso de presentarse alguna situación, porque las facilidades ya están. Hay que aprovechar todo lo que ha sido dispuesto por el gobierno, desde la extensión del plazo para pagar impuestos — que son cuatro meses más — .

[5] Recordar su rol como ente productivo

Ninguna empresa puede verse como un ente aislado en la economía, porque todos somos una pieza el efecto dominó: juntos hacemos que el dinero circule y que todo el mundo pueda seguir produciendo. Por eso el Estado ha hecho tanto énfasis en medidas que permitan mantener la nómina y los compromisos con suplidores para así mantener un grupo de negocios a flote — el dinero tiene que seguir circulando —.

Pero esto también aplica a nuestro rol dentro del engranaje general: estamos todos juntos en la misma situación, y es hora de formar alianzas estratégicas. Es el momento de gestionar montos más atractivos con nuestros proveedores y de reducir nuestras comisiones como intermediarios, si aplican, para que así los clientes se vean motivados a comprar nuestros bienes o contratar nuestros servicios. Debemos buscar la manera de ayudar a nuestros semejantes.

Maenadas

Para pendenciero que me busquen: en los pocos viajes que he hecho al supermercado durante esta etapa de distanciamiento social no he podido evitar echar un vistazo rápido a los carritos a mi alrededor. Resumiendo mis hallazgos: he visto mucho conflé y muchos brownies en esas compras. Eso me ha puesto a pensar: ¿Es este el momento de entregarnos a la comida que nos da confort, como son los dulces, o en vez de eso de tratar de mantener la salud por la boca, con una ingesta más concienzuda de macronutrientes?

Decidí hacerle estas preguntas al doctor Jorge García Vincitore, a quien muchos de ustedes ya conocerán por su participación en el cuarto episodio de Sacándole el Jugo. Aparte, ¿hace bien tomar suplementos de vitamina C en estos días? ¿Hay una estrategia nutricional que sea mejor que otra? ¿Es mejor comprar alimentos frescos o irse por los congelados? Aquí comparto sus consejos.

EL EXPERTO: DR. JORGE GARCÍA VINCITORE
Medicina regenerativa y funcional

[1] Entender el rol de las vitaminas C y D

Primero, para desmentir algo que he escuchado mucho en estos días: no hay que volverse locos comprando vitaminas C y D. Hay que entender que ustedes pueden bañarse en esas vitaminas, y si no tenían una deficiencia de base, no les va a ayudar en nada para fines inmunológicos. Quien no tiene suficiente vitamina D necesita suplementar y hasta subir la dosis en esta situación… pero no ayuda en absoluto a quien ya la tiene en niveles normales.

Ahora, una salvedad importante: en estos días que estamos trancados en casa, cogiendo menos sol de lo poco que seguramente ya cogíamos antes por nuestro estilo de vida urbano, y aparte una dieta accidentada en cuanto a la vitamina D, seguramente muchos tenemos deficiencia. Por eso, y sobre todo para quienes no consumen productos de fuente animal, es importante considerar en estos momentos la suplementación con vitamina D3. Ojo: esta es liposoluble, así que es recomendable que la ingieran con comida o alimentos ricos en ácidos grasos, para así mejorar su absorción.

[2] Dar prioridad a la proteína

Los seres humanos no podemos ni producir ni almacenar proteína. Por lo tanto, debemos enfocarnos en tener una ingesta proteica adecuada cada día.

Tenemos que darle prioridad a estrategias que no solo nos lleven a suplir lo que necesitamos desde el punto de vista fisiológico, sino que también reduzcan la cantidad de veces que vayamos al supermercado — porque ahora mismo no hay mejor estrategia contra el COVID-19 que el distanciamiento social —. Así que si bien para unos la solución puede ser tener carne congelada disponible, para otros puede ser consumir un suplemento proteico… que justamente están para suplementar nuestra nutrición y así poder llegar a nuestros requerimientos diarios. La ventaja de estos suplementos es que se conservan por largo tiempo, son costo-eficientes y hay opciones para vegetarianos y veganos. Para los omnívoros recomiendo la New Zealand Whey, que proviene de ganado alimentado con pasto, no lleva hormonas y contiene calostro para robustecer el sistema inmunológico. Para quienes no consumen productos de origen animal recomiendo la marca Designs for Health, que ofrece proteínas muy completas.

Lo importante: cada contenedor da para muchísimos servicios, y con esto se reduce la cantidad de veces que tenemos que ir al supermercado.

[3] Mantener la ingesta de omegas

Hay otros macronutrientes que el cuerpo no puede producir por sí solo, y por lo tanto se hace necesario ingerirlos: los omegas. Nuestros organismos producen grasas, colesterol y triglicéridos, pero no generan ácidos grasos esenciales. Igual que con la proteína, hay una forma sumamente fácil de garantizar el suministro de esos ácidos: de nuevo, con suplementación. En caso de ser omnívoros está el aceite de pescado — aquí también recomiendo la marca Designs for Health, por su calidad — y para los vegetarianos y veganos hay productos hechos con algas que son superiores a los de linaza, dada su facilidad para metabolizarlos.

[4] Reconsiderar la forma de consumir vegetales

Yo tomé una decisión ejecutiva: como mi prioridad es reducir la cantidad de viajes al supermercado, para limitar mi exposición, sacrifiqué mi preferencia por los vegetales frescos y los estoy consumiendo congelados. No me gustan, pero es mejor que nada.

Para aligerarme el trago, los estoy ingiriendo en formato súperbatida: saco del congelador moras o fresas, col rizada, zanahoria, apio y pepino; a esa mezcla le añado espirulina, que es un suplemento maravilloso por sus capacidades anti-inflamatorias, y una cucharada de omega 3.

Con eso estoy resolviendo la necesidad de consumir vitaminas hidrosolubles, porque no hay mejor forma de ingerirlas que a través de las frutas y los vegetales.

[5] Limitar el consumo de azúcar

No es el momento de estar restringiendo a las personas, porque tenemos mucho estrés y con eso incrementan nuestras necesidades calóricas. Por eso ofrezco un camino intermedio: sin volvernos locos con el tema de los hidratos de carbono, mi recomendación es que como mucho un 10 por ciento de lo que consuman en el día corresponda al azúcar.

En vez de eso, les recomiendo ingerir carbohidratos de asimilación lenta, como los cereales y las legumbres, porque eso evita fluctuaciones severas en la glicemia en la sangre, y con esto la cantidad de insulina que produce el páncreas. La ventaja es que así el apetito se mantiene estable y con esto pueden manejar mejor la ansiedad, porque las fluctuaciones muy marcadas aumentan nuestras ganas de comer.

Y de nuevo, por si no les quedó claro: con esto evitamos dar tantos viajes al supermercado y correr el riesgo de exponernos. No hay mejor estrategia médica contra el COVID-19 que quedarse en casa.

Maenadas

El despertar popular alrededor de las protestas contra la Junta Central Electoral nos ha regalado algo increíble: la posibilidad de encontrar héroes entre nosotros mismos. Pero también, porque somos humanos complejos, esta situación también nos ha llevado la contrario: a buscar villanos entre nosotros mismos.

Una de las supuestas villanas que surgió de todo esto fue Leidyn Bernárdez, una figura conocida en Instagram, TikTok y Twitter por la acidez de su humor y por su defensa de la belleza femenina en todos sus tamaños. ¿Su momento #sorrynotsorry? Temprano en la mañana el domingo de las elecciones municipales publicó en Twitter que en vez de votar se quedó haciendo pancakes en su casa. Menos de tres días después estaba protestando en la Plaza de la Bandera, con su respectiva foto en su feed de Instagram documentando el acto.

Muchos ahí vieron un acto de sonidismo, de incongruencia, de hipocresía. De hecho, la comparación de esos dos momentos, con sus recibos y pantallazos, corrió veloz por grupos de WhatsApp y las críticas llovieron. De ahí Leidyn sacó una cadena de tres tuits explicando lo que había sucedido entre ambos momentos, defendiendo su derecho a cambiar de opinión políticamente.

Yo, por mi profesión, no puedo evitar verlo como un caso de estudio en comunicación. Lo primero que pensé fue: si hubo un cambio de opinión entre el primer y el segundo momento, se saltó pasos al contar esa historia. Lo segundo que pensé fue: esto es una Maenada. Así que fui a la fuente, conversando con la propia Leidyn sobre la situación. ¿Qué sucedió realmente? ¿Qué aprendió? ¿Y qué pueden aprender todas las marcas personales sobre su experiencia?

Maeno: Yo soy de quienes piensan que si uno se debe a un público, es importante hacer la historia completa para que las cosas tengan sentido.
Leidyn: Yo lo expliqué, pero la persona que comenzó la controversia al compartir [el contraste de los dos posteos] por primera vez estaba buscando que me sintiera humillada. Y fue todo lo contrario: fue tan positivo que toda la gente que al igual que yo no votaba por temas de corrupción y manipulación de elecciones… bueno, esa gente dijo que así como Leidyn, ellos también.

Maeno: ¿Cómo respondiste a las acusaciones de querer sonar?
Leidyn: Sonido tengo yo, likes ya uno coge. Muchos jóvenes en este país, que por edad les tocaba comenzar a votar en estas elecciones, vienen de familias con años sin votar porque sus padres no tienen la esperanza de que las elecciones van a ser limpias. Ellos tampoco votaron el domingo. Por eso, cuando todo explotó, yo entendí que de ahí iba a salir algo positivo.

Maeno: Pero, ¿te arrepientes de haber comunicado tu mensaje de esa manera?
Leidyn: Yo no me arrepiento de lo que dije. De hecho, yo no pienso votar hasta que vea que lo que estamos haciendo con las protestas va a tener un resultado en el tema de transparencia. El hecho de que esto haya pasado sí me dejó ver cómo la gente se deja llevar por la controversia, en vez de pensar en quién más se puede identificar con el mensaje que se está dando. Igual que me pasó a mí, otras personas vieron mi caso y se decidieron a alzar su voz.

Maeno: Tú saltaste del pancake a la protesta sin explicación de por medio. No fue sino hasta un buen tiempo después que sacaste tres tuits explicando tu cambio de mentalidad. ¿Por qué no hablaste antes?
Leidyn: No fue por la gente que me comenzó a atacar. Para nada. Fue por la gente que, como yo, podía haber tenido un despertar político causado por esta situación. Cuando suspendieron las elecciones yo pensé que era un chipeo al cual ya nos tienen acostumbrados, como cuando la gasolina sube. Pero cuando vi que esto era algo más grande, me dije: No podemos aceptar normalizar una situación como esta. Ahí yo entendí que tenía que hacer algo por todos los que no habían ido a votar por falta de esperanza. Yo hablé no por el que me atacaba, sino por el que me seguía y me pedía razones.

Pero mira: yo desperté la misma noche del tuit de los pancakes. Otra gente despertó el primer día de las protestas, y otras despertaron ayer. Ninguno es mejor que otro. No importa tu proceso, si eres apolítico, si votas o no votas. No se puede juzgar el proceso de despertar de otra persona.

Maeno: Pero como tú estás expuesta públicamente, mucha gente pasó del pancake al despertar. Lo que se ve desde fuera es que si tú no documentaste la transición, no pasó. ¿Si uno no documenta las cosas en redes sociales, no pasan?
Leidyn: Para ellos, yo debí subir un vídeo explicando todo. Yo pienso que no es necesario dejarle saber a la gente eso.

Maeno: ¿Qué aprendiste de todo esto?
Leidyn: Que aunque uno sea apolítico debe estar al tanto con lo que está pasando en la política del país.

Maeno: A raíz de esta experiencia, ¿en el futuro hablarás menos o más?
Leidyn: Cuando te cohibes de ser quien eres atento a la gente, no estás siendo. Yo quiero seguir igualita. Si me cohibo de ser yo por estar expuesta en las redes sociales, entonces estoy tomando el mal camino. Este tipo de situaciones me hacen desarrollar más fortalezas en cuanto al manejo de controversia, porque sé que esta no va a ser la última. Esto me está pasando mientras crezco. Este es el momento en que deben de pasarme.

[Nota: Esta entrevista fue realizada el viernes 21 de febrero]

Me llegó muchísimo la idea de Leidyn de que, al igual que la parábola del hijo prójimo, debemos respetar el proceso de despertar de cada quien. Y es más, yo lo llevaría más lejos: debemos respetar las verdades relacionadas al momento de vida de cada quien. Una decisión no es mejor o peor que otra, sino que deben ser juzgadas por la validez que tengan para quien las toma. El Maeno de 21 años hubiera hecho exactamente lo mismo que Leidyn, por valorar la autenticidad por sobre todas las cosas; el Maeno de hoy, que le lleva una década, sí hubiera lanzado ese vídeo explicando el proceso, por valorar la tranquilidad sobre todas las cosas. ¿Por qué? Porque he aprendido que si no contamos una historia completa, la gente se va a encargar de llenar los espacios vacíos según les convenga.

Por eso me parece tan fascinante este caso: por un lado, es parte del debate de qué tanto de sus vidas y sus explicaciones le deben los influenciadores al público que los sigue; por el otro, reconfirma mi posición de que todo comunicador, sea una persona o una marca, debe manejar su narrativa, llenando todos los huecos posibles. En el caso de ustedes, ¿qué lección han sacado de esta situación?

Capturas cortesía de Leidyn Bernárdez

Abul Santo Domingo

Hace unos días les contaba que es importante poder vivir el high y el low con autenticidad, y que la gastronomía es una buena parte de eso — nadie come en restaurantes Michelín todas las semanas, porque sencillamente los momentos de la vida son variados y cada uno tiene necesidades diferentes —.

Pero como le busco la quinta pata a todo, incluyendo a las mesas de restaurantes, me pregunto: ¿Se puede vivir una experiencia gastronómica low con todo el peso emocional de una experiencia high? Yo encontré la respuesta en Barcelona, en un legendario bar de tapas llamado Quimet & Quimet.

Lo primero que deben entender es que Quimet no está en el epicentro turístico de la ciudad, sino que se encuentra en Poble Sec, un vecindario obrero cercano a las faldas del Montjuïc. Lo segundo es que ese lugar fue fundado y está funcionando desde 1914, y por lo tanto ha tenido más de 100 años para perfeccionar sus recetas y su sistema de servicio… y que también la voz se corra sobre la calidad de ambos. Ese siglo no ha pasado en vano.

El Quimet original era un Joaquim perteneciente al árbol genealógico directo de los propietarios actuales. El bar sigue siendo, sorprendentemente, un negocio familiar. Es, como la Puerta de Alcalá, un lugar donde conviven pasado y presente — y ahí está, ahí está, viendo pasar el tiempo, la puerta del Quimet —. Hay gente que tiene décadas pidiendo su pan con tomate por las tardes, pero también hay nuevos habitués, como yo, que son recibidos con el mismo cariño. De hecho, oigan esto: fui por primera vez en 2018 por una recomendación de mi cuñada Michèle Jiménez Vicens. El joven que nos atendió se dio cuenta de que yo no tenía idea del contenido del menú, sino que veía platos salir y le indicaba que quería uno igual. Cuando volví un año después, el mismo joven me dio la bienvenida, y me dijo que me recordaba perfectamente, porque era el tipo que comía con los ojos. ¡Eso es tener conciencia de servicio!

Ahora, ¿por qué veía los platos salir con tanta facilidad? Porque no es un lugar con mesas separadas ni un orden establecido, sino que la gente está de pie y va pidiendo platos aparentemente a lo loco a un encargado en la barra, mientras él va anotando todo en una listita de papel. Esta dinámica funciona porque es un espacio pequeño donde caben apenas unas 20 personas. Al final, las servilletas se tiran al piso y se comienza el proceso de nuevo, según lo que dicte el estómago.

Yo en esa algarabía salí encantado con una tapa de anchoas con queso, con el taco de atún con piquillos, con tres servicios de ventresca, con los boquerones en vinagre. Todo eso bajaba con unas cañitas, de una cerveza de producción propia que tienen en el bar — por cierto, el bar comenzó porque el Joaquim original necesitaba un lugar para comercializar el vino que hacía, y en ese entonces las tapas y los montaditos fueron un vehículo para vender alcohol, en vez de ser a la inversa —. Ese bar me enseñó a salir de mi zona de confort culinaria, con ingredientes que no me había atrevido a probar aún, y a apreciar la belleza de un espacio gastronómico con humildad en el ambiente pero orgullo en los ingredientes. Por eso, durante mi visita este año a Barcelona, volví expresamente a Poble Sec para visitar el bar.

Esta experiencia me hizo pensar en otra cosa: hace unos meses en Maeno&Co trabajamos por primera vez con Mastercard para un evento de su plataforma priceless — esa que dice que hay cosas intangibles cuyo valor supera su precio —. Ahora, pensando en la razón por la cual estas visitas a Quimet & Quimet me han impactado mucho más que haber estado en restaurantes galardonados, me vino a la mente ese mensaje. Yo poco a poco estoy a prendiendo a distinguir entre valor y precio. Sé que el dinero puede comprar cosas con valor, pero muchas cosas con valor no necesariamente se compran con dinero. Comer así de bien, rodeado de un sistema forjado a base de la experiencia que dan 105 años de operación en un ambiente donde uno se siente apreciado… bueno, de verdad que no tiene precio.

Me desperté así

Tenía cinco años con mi vehículo, un todoterreno Volvo XC60, y sentía que ya era hora de hacer un cambio. Miren: yo fui a seis dealers locales buscando un modelo de todoterreno mediana que tuviera todo lo que yo buscaba… y no encontré nada que cumpliera con todos mis requisitos locos.

Y ahí fue que, en un ataque de pero-vamos-a-ver, pasé por el showroom de Volvo. El Cupido de las ruedas hizo su trabajo: fue un tema de amor a primera vista con la versión 2020 de la XC60 en su versión full.

¿Por qué renové mis votos con Volvo? Para explicarles responsablemente: la marca, a través de su distribuidor local, es cliente de mi agencia de comunicaciones. Sin embargo, yo compré aquel primer Volvo cuando MARTÍ todavía no era parte del portafolio de Maeno&Co, y ya en esta segunda ocasión tenía toda la libertad, independientemente de ese vínculo comercial, de buscar una marca que se ajustara a mis necesidades actuales. Yo soy partidario de siempre probar cosas distintas, porque uno no sabe dónde se puede encontrar con un nuevo favorito. Y sin embargo, ningún vehículo disponible en el mercado local superó la increíble propuesta del nuevo XC60. Yo de verdad siento que, en materia de exquisitez de diseño y de pensar en la naturaleza humana, nadie se esfuerza tanto como esos suecos. Por un tema cultural, ellos creen en la democratización del bueno diseño, y en esta marca insignia eso es más que notable.

¿A quién más se le ocurre tener un espacio dedicado para las etiquetas de valet parking, sabiendo que todos vivimos en la Luna y se nos viven perdiendo? ¿A quién más se le ocurre crear una lanilla especial para limpiar con eficacia el panel de navegación, con instrucciones incluidas directamente sobre la tela para que queden a prueba de despistados? También es increíble ver cómo el vehículo me protege de mí mismo: me echa boches si cambio de carril sin poner la direccional y me notifica cuando hay puntos ciegos al dar reversa. Encima de eso viene con el sistema de audio más hecho-para-humanos que he presenciado en mi vida: es un equipo Bowers & Wilkins que ofrece sonido envolvente, pero que milagrosamente altera las leyes de la física para ofrecer huecos sonoros muy necesarios. ¿A qué me refiero? A que aun con la música alta el conductor y el pasajero pueden escucharse perfectamente al conversar, sin necesidad de subir la voz. Es casi como magia.

A mis cuatro años, me sentía abrazado y protegido por el carro Volvo de mis padres. Hoy, ya de adulto, me pasa lo mismo.

Yo digo que cada quién debe hacer un auto-análisis para reconocer lo que lo hace feliz y vivir buscando esas cosas. En mi caso, a mí me llena el poder estar rodeado de un alto nivel de diseño, tanto a nivel de experiencia de usuario como a nivel estético. Este vehículo ofrece mucho en ambas categorías: primero, uno se siente entendido ahí dentro, porque esos genios de Gotemburgo se pusieron a calcular y anticipar cada movimiento que uno hace al conducir. Segundo, no se imaginan la belleza del tono del color de piel del interior y el contraste que hace con los grises de dentro y de fuera. ¿Y la bellísima madera del tablero? Viene de árboles rescatados de las costas escandinavas —no talados, por temas de sostenibilidad—. Yo siento que estoy dentro de una obra de arte altamente funcional, y que aparte me ayuda a mantenerme calmado y contento dentro de la agitada realidad de las calles dominicanas. Pocas marcas de automóvil pueden hablar de un diseño tan humanamente agradable como la Volvo.

Pero, es más, vámonos aun más lejos: yo tengo un vínculo emocional muy grande con la marca. A los cuatro años a mi papá, como parte de su carrera diplomática, lo asignaron a Argentina. El vehículo que teníamos allá era un Volvo 940 Turbo, y todavía hoy recuerdo nuestros viajes por carretera hacia Chile, Paraguay y el interior del país. Yo era un chin de gente, y me sentía feliz en el asiento trasero, a pesar de todos los hoyos que había en el camino a Chile. Me sentía abrazado y protegido por el carro. Nosotros nos enamoramos tanto de ese carro que, al retornar a República Dominicana, vino en la mudanza. Hoy ya de adulto, en una situación totalmente diferente y casi con seis pies de altura, sigo sintiéndome abrazado y protegido por mi Volvo.

Fotos: Nelson Michel