Maenadas

No importa si les gusta la música de Bad Bunny o no: hay que admitir que la persona y el artista tienen una narrativa conjunta muy ecuánime. Cualquier artista puede ganarse el título de desbocado o transgresor; muy pocos pueden tener el orgullo de tener una voz que impacte en cuestiones sociales y políticas. Benito ha logrado ambos de una forma creíble y, a mi parecer, muy efectiva.

¿Que muchos cantantes son rebeldes sin causa, usando ropa llamativa solo por el hecho expreso de ser llamativa? Cuando Bad Bunny usó una falda en el Tonight Show de Jimmy Fallon no lo hizo por joder la paciencia; lo hizo en honor a Neulisa Luciano Ruiz, una compatriota transgénero a quien los medios boricuas irrespetuosamente tildaron de “un hombre en falda” en las noticias de su asesinato. Desde su posición como hombre cisgénero, heterosexual y exitoso, y usando como canal una presentación musical, utilizó su visibilidad para dar un mensaje poderoso en nombre de todos los que no tienen su privilegiado nivel de representación. Pero encima de eso sembró una semilla en las mentes de su público, que en su mayoría es joven: no hay nada de malo en ser transexual, así como no tiene nada de malo ser un hombre heterosexual y usar falda.

Claro, que eso era solo un tentempié para el bombazo que fue después el vídeo de Yo perreo sola: no solo por el mensaje a gritos en contra del acoso femenino, sino también por el mensaje susurrado que fue el esfuerzo que puso en el detalle artístico de las piezas que usa su alter ego femenino. Eso es respetar. Bad Bunny es como un flautista de Hamelín, pero positivo: con la excusa de su música digerible está educando a la juventud sobre temas sociales profundos.

Y ahora me pregunto: ¿Qué puedo aprender yo de Bad Bunny? O más que esto, ¿qué pueden aprender mis clientes y las marcas dominicanas en general de su forma de actuar? Los consumidores buscamos autenticidad, inteligencia y ecuanimidad en las propuestas. Con el celular en mano poco a poco los consumidores dominicanos nos hemos convertido en los verdugos y castigadores de toda marca personal o empresa que tenga un chipeo. Pero lo mismo pasa en sentido contrario: gracias al internet estamos abriendo los ojos, y por eso celebramos las voces privilegiadas que con sus mensajes buscan cambiar nuestra sociedad para bien.

En un país tan machista, el aislamiento domiciliario por causa del coronavirus ha hecho que muchos esposos y padres valoren más el trabajo casero

Por eso quisiera proponerles un ejemplo sencillo pero necesario: en un país tan machista, el aislamiento domiciliario por causa del coronavirus ha hecho que muchos esposos y padres valoren más el trabajo casero. Los memes sobre fregar, cuidar los hijos, la limpieza de la casa y la organización mental que requiere hacer la compra del supermercado no se han hecho esperar. Muchos hombres están revalorizando el rol que injustamente les dejan exclusivamente a sus mujeres — da gusto ver sendos posteos de Alberto Fiallo, Alejandro “Argentarium» FernándezPoteleche en su noticiero —. Imagínense: una parte de esas mujeres trabaja el mismo horario que sus esposos, y aparte entonces tienen que tirarse encima la totalidad del manejo del hogar.

 

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Déjenme compartirles esto que vi en el New York Times este pasado febrero: las mujeres en matrimonios heterosexuales experimentan los niveles más altos de trastorno psicológico, muy por encima de lo que reportan sus esposos. ¿Por qué? Porque estos dos últimos grupos no tienen que cargarse la casa y la familia enteras encima. hombre heterosexual, su machismo hogareño le está causando angustia y deterioro psicológico a su mujer.

Hay que normalizar esas tareas que no le quitan la hombría a nadie; más bien, son una muestra de grandeza y autoconfianza

¿Cómo pueden las marcas, desde su posición de privilegio, hacer su papel de Bad Bunny? La publicidad impacta nuestra forma de ver la vida; siembra una semilla en nuestras cabezas al indicar los bienes y las vivencias a los que podemos aspirar. Si la publicidad dominicana comenzara a enseñarnos que no tiene nada de malo encargarse del 50 por ciento de los menesteres del hogar, incluyendo la crianza de los hijos, pueden aportar a lograr una sociedad dominicana más positiva y menos sexista. Hay que normalizar esas tareas que no le quitan la hombría a nadie; más bien, son una muestra de grandeza y autoconfianza. Quisiera ver anuncios con padres cambiando pañales sin utilizar el recurso de la ineptitud para justificar que muchos no tienen instinto “maternal”. Quisiera ver artes con padres haciendo la tarea con sus hijos. Quisiera ver padres en el pediatra. Quisiera ver hombres haciendo la compra. Quisiera ver el yo-cocino-y-tú-friegas bien explícito. Quisiera ver marcas de alcohol presentando cócteles de colores para hombres y tragos con whisky para mujeres. Quisiera ver mujeres cambiando un bombillo y hombres lavando la ropa.

Sería muy simplista pensar que solo los políticos o los grandes empresarios pueden cambiar esta sociedad. Y sin embargo, nadie esperaría que un reggaetonero — con el sexismo histórico que arrastra el género — diera cátedras de feminismo. Por eso, aun desde nuestros pequeños roles quienes trabajamos en comunicación y publicidad podemos contribuir para crear la sociedad que queremos. Los creativos y creativas, ejecutivos/as de cuenta y gerentes de marca pueden hacer mucho con una estrategia sostenida de desmachificación de su comunicación. Así que, para aquellas personas que tienen ese poder, ¿se van a quedar callaítas o van a comenzar a perrear solas?

Maenadas

Lo digo con conocimiento de causa, dados los pleitos que se han armado en mis grupos de whatsapp por estar pasando noticias sobre el coronavirus: hay que aprender a filtrar la información que uno recibe no de manera agresiva, sino consciente. Además está lo más importante: ponerse en los zapatos tanto de quien lo manda como de quien lo recibe, porque no todos manejamos el estrés de la misma forma.

¿Y por qué? No solo para evitar ronchas, sino también para que no nos saturemos y con eso lleguemos al extremo de cegarnos o de obviar información que podría ser provechosa para nosotros. Yo que vivo mirando el panorama de la comunicación cinco pasos más adelante, me pregunto: ¿Hasta qué punto aguanta uno este tipo de noticias a diario hasta que el cuerpo y la mente dicen “basta”? Si embargo, también me digo que tenemos que saber la información para así aprender y tratar de prevenir las cosas en el momento adecuado. Lo digo porque el otro lado de la moneda es cogerle tirria a las noticias del coronavirus, y eso también puede ser peligroso.

Por eso quiero compartir con ustedes las cinco decisiones que me han permitido no perder la cabeza en estas dos semanas de aislamiento social.

[1] Dosificar la exposición a la información

Yo he tomado prestada una técnica del periodismo: yo leo solo hasta el subtítulo, y como mucho tres de las cinco Ws — quién, cuándo y dónde —. Así estoy enterado pero no desarrollo la novela en mi cabeza. ¿Y han visto cómo hay personas compartiendo sus agendas desde el aislamiento? ¿Han visto cómo le dedican una hora al ejercicio y media hora a regar las plantas? Pues yo así mismo le dedico exclusivamente media hora a los grupos de WhatsApp que me mandan noticias sobre el virus. Con eso, en vez de vivir tenso el día entero, me preparo mentalmente para manejar los mensajes con prudencia. Es menos morbo y más saber que se pueden manejar las cosas en caso de verse en una situación difícil.

Y hablando de grupos de WhatsApp que me mandan noticias…

Si esa avalancha de noticias los pone tensos, aplíquenle la técnica de Marie Kondo a sus grupos de WhatsApp

[2] Filtrar los grupos de WhatsApp

Yo creo en ser lo más transparente posible con la información. Por eso, preparé un pequeño comunicado estándar para los grupos de WhatsApp de los cuales responsablemente me salí en estos días. Les expliqué que nos volvíamos a ver una vez pasara esta crisis, porque mientras tanto iba a dedicar mi energía exclusivamente a los grupos de mis familiares y mis amigos cercanos.

Hay grupos en los que uno no pinta nada en estos momentos, y hay que ser juicioso y celoso con su salud mental. Si esa avalancha de noticias los pone tensos, aplíquenle la técnica de Marie Kondo a sus grupos de WhatsApp.

[3] Analizar qué tipo de persona es cada quien

Nadie sabe cómo va a actuar en momentos de crisis. Algunos se quedan en Belén con los pastores mientras que otros se vuelven clones de Nuria Piera. Unos se tapan los ojos mientras otros prefieren ser realistas. Y justamente por eso hay que saber respetar el tipo de persona que es cada quien. No puede uno abrirle la boca y forzar a alguien a comerse sus noticias escalofriantes si no quiere recibirlas; tampoco puede uno culpar a la persona proactiva que quiere estar al tanto y delante de todo. No todo el mundo digiere la información y el estrés de la misma manera, y hay que tratar de pensar como el otro. Tampoco hay que exaltarse cuando escuchamos o leemos algo que entendemos está mal — y se los digo porque ya me pasó —.

Si los posteos no educan ni entretienen ni son útiles, hay que pensárselo dos veces antes de darle al botoncito

[4] Calmarse con los posteos desde casa

Me llama mucho la atención el hecho de ver tanta gente dándose bombo en Instagram por lavar la ropa o suapear o limpiar la nevera. A todos nos toca buscarle la vuelta a las cosas en estos días y no es algo especial, sino esperado. ¿Ellos están seguros de que es lo que sus seguidores quieren ver en estos momentos? Si esas personas antes hablaban de moda o de deportes o hasta de viajes, ¿no es más interesante y mucho más lógico mostrar cómo se están adaptando a lo que nos ha tocado?

Ahora, con esto no digo que todos los live ni todos los tutoriales son malos: yo le he sacado provecho a los mini-conciertos de artistas escénicos, a los tips sobre cómo doblar las sábanas elásticas y a las recetas de platos nutritivos con pocos ingredientes y muchos me han sacado una carcajada cuando se burlan de ellos mismos. Pero, ¿qué tiene todo esto en común? Que son cosas que o educan o entretienen o son útiles para la nueva cotidianidad trancada. Si esos posteos o esos live no caen bajo esas categorías, entonces hay que pensárselo dos veces para darle al botoncito, porque verdaderamente no aportan.

Como muchos tenemos la dicha de poder estar trancados entre cuatro paredes en estos días, hay un tsunami de contenido saliendo desde nuestras casas. Pero precisamente por eso, recuerden: señores, no es necesario estar posteando contenido cada cinco minutos. Esos posteos forzados o producidos por el aburrimiento terminan siendo comida chatarra en vez de alimento mental y emocionalmente nutritivo, que es lo que todos necesitamos ahora. Hay que calmarse.

[5] Identificar los excesos en redes sociales

De hecho, esta es una buena oportunidad para calmarse en redes sociales a un nivel todavía más alto: marcas, cuando regresemos a la vida normal, no queramos bombardear todo al mismo tiempo.

En Maeno&Co hace un par de años teníamos la estrategia del blitz de Instagram para los lanzamientos de nuestros clientes: de repente, ustedes veían que todo el vivo en sus feeds posteaba algo sobre una pizza nueva o sobre el lanzamiento de una máquina de café, o que un evento salía en 10 periódicos el mismo día. Ya las cosas no funcionan así, porque en ese momento era novedoso pero hoy se corre el riesgo de generar tirria entre el público. Por eso, y en parte en base a estas lecciones aprendidas en tiempo de coronavirus, yo mismo he tomado la decisión de asesorar a mis clientes para que, en el futuro cercano, dosifiquemos la información con la periodicidad que se merece. Tenemos que bajarle a esos excesos.

Maenadas

Mucho antes de que se anunciaran las medidas oficiales, el 5 de marzo tuvimos una reunión entre todo el equipo de Maeno&Co para determinar los posibles planes de contingencia. En ese momento, todo el mundo pensaba que esto del coronavirus iba a ser una gripecita leve, y me decían loco — recuerdo haberles dicho que la burla muchas veces es sinónimo de ignorancia, y así mismo fue —. Sin embargo, en la agencia estamos acostumbrados a prever lo impensable, y nos tratamos igual que tratamos a nuestros clientes. Nos preparamos para el peor de los casos, pensando que nunca llegaría… pero el peor de los casos llegó.

En la agencia trabajamos comunicaciones y eventos en un 50-50. Imagínense lo traumático que fue para todos recibir, uno detrás de otro en menos de una semana, una metralleta de e-mails y llamadas para decidir si posponíamos indefinidamente ocho eventos que teníamos planificados para antes del 31 de marzo.

Sin embargo, me siento orgulloso de nuestra respuesta a cada una de esos e-mails y llamadas: nuestra posición fue que la vida de las personas estaba por encima de cualquier evento o lanzamiento de campaña. No debíamos esperar a ver qué pasaba con el COVID-19, sino que lo justo era trancar la puerta de inmediato. Decidimos no poner en juego nuestra firmeza ética por miedo a no facturar algo. Nuestros clientes todos estuvieron de acuerdo. Detrás de esas grandes empresas y largas cadenas de mando hay seres humanos empáticos, fuertes y honrados. Estoy feliz y agradecido de trabajar con personas con esa grandeza emocional.

Pero una vez pasó ese primer reto, ¿cómo hemos manejado nuestra relación con los clientes? Con la oficina cerrada y todos los empleados trabajando de forma remota, ¿cómo nos aseguramos de seguir extendiendo nuestra mano en estos tiempos de incertidumbre? Yo he resumido esta experiencia en cinco pasos.

[1] Empezar a comunicar desde temprano

Rompí mi aislamiento casero hace poco más de una semana, cuando fui a la oficina a resolver unos temas administrativos y a redactar cartas para nuestros clientes, suplidores y aliados. La idea era hablarles a todos de nuestros planes, de nuestro teletrabajo, de nuestra visión para el futuro próximo. Las cosas hay que decirlas, por que no hay nada peor que la incertidumbre. Yo estoy claro de que, como suplidor, no somos prioridad para nadie. Sin embargo, recibir en la bandeja de e-mail o en el WhatsApp un mensaje que le permita a nuestros allegados estar enterados… ya para mí eso vale.

Las cosas hay que decirlas, por que no hay nada peor que la incertidumbre

[2] Postear algo que aporte

Como dije en la Maenada anterior, uno tiene que limitar los posteos en estos días, a menos que eduquen, animen o entretengan. En Maeno&Co decidimos irnos por lo primero: lanzar una pequeña campaña de Instagram para enfatizar la importancia del aislamiento social. El lenguaje iba a ser algo muy nuestro: el vocabulario de la comunicación y los eventos al que tan acostumbrados estamos. De ahí vino “La convocatoria es en casa”, para hacer un guiño relacionado a los lugares donde usualmente realizamos los eventos. ¿Que nuestros sobres de invitaciones siempre van dirigidos a “Fulano de tal – Sus manos”? Esta vez estaban dirigidos a “Fulano de tal – Sus manitos limpias”. ¿Que siempre enviamos un Save the Date? Esta vez fue un Save the Shake, para recordar el evitar tocarnos las manos y así prevenir contagios. ¿Que el código de vestimenta de nuestros eventos puede ser formal, de cóctel o casual? Esta vez el código de vestimenta era en pijama.

Nuestro rol es comunicar, y seguimos haciéndolo. Como explicó Celeste Pérez en su columna De Cerca, en el Listín Diario, estas pequeñas acciones digitales que hemos hecho pueden motivar a la ciudadanía a cumplir con las recomendaciones sanitarias.

[3] Coger el teléfono (siempre)

La imprenta está cerrada y los diseñadores están en casa… pero mi equipo y yo siempre estamos siempre disponibles para nuestros clientes por vía telefónica. Compartimos ideas, comentamos lo que está sucediendo… y en algunos casos, hasta trabajamos manejo de crisis.

Les voy a poner un ejemplo: muchos hemos aplaudido la labor heroica de los empleados de colmados y supermercados, y celebramos el hecho de que los productos no han escaseado durante esta crisis. Y sin embargo, a uno de los grupos alimenticios más grandes del país le han caído encima porque no han enviado a casa a todos sus empleados. ¿De dónde creen, entonces, que salen el salami y la leche y el queso que la gente necesita para sobrevivir? Recuerden que las grandes cadenas de supermercados han depositado su confianza en el productor nacional y que, por eso, los trabajadores esenciales están todavía brindando servicios en las plantas y las rutas de transporte.

Nuestros clientes saben que, aun desde casa, seguimos ahí para ellos.

Tenemos que recordar que no todo se necesita inmediatamente, sino adecuadamente

[4] Aprender a no querer todo para YA

En estos días tenemos una visión exagerada de la necesidad de inmediatez; eso se debe a que, según avanza el virus y se toman medidas para contrarrestar la situación, nuestras circunstancias cambian literalmente a diario.

Pero eso no significa que los que comunicamos tenemos que caerle atrás a este ritmo de publicación. La gente se vuelve loca en la crisis por esa percepción de la necesidad de inmediatez. Tenemos que recordar que no todo se necesita inmediatamente, sino adecuadamente. Vamos a calmarnos, porque va a funcionar.

[5] Ser proactivo en el futuro cercano

Desde ya estamos pensando en la luz al final del túnel. Nos mantenemos optimistas y a la vez realistas. Sabemos que, una vez que esto pase, nuestros clientes van a abrir sus puertas por nueva vez y estaremos celebrando el poder estar todos juntos. Por eso, en esta etapa nos vamos a mantener con el cerebro encendido, pensando no en grandes campañas 360, sino en pequeñas acciones puntuales que podamos ejecutar de forma ágil. Vamos a seguir siendo proactivos. Vamos a seguir siendo nosotros.

Maenadas

Yo antes decía que, como mi trabajo conlleva estar en eventos y vivir rodeado de gente todo el tiempo, los fines de semana prefería recargar energías emocionales quedándome trancado en la casa. Yo era feliz con ese pequeño equilibrio. Ahora que ese tranque es forzado y total, me doy cuenta de cuánta falta me hace su contraparte para mantener mi salud mental.

Seguramente lo mismo le está pasando a ustedes en su nuevo día a día, en esta covidianidad. Quizás hasta se han dado cuenta de que no hay nada que dispare los pleitos entre parejas y familiares como la fricción constante, porque nuestra presencia está en estado puro y sin diluir por el trabajo o las diligencias o las salidas sociales. Todo el mundo está peleando, con los nervios de punta — y esos grupos de WhatsApp están que botan fuego —.

Por eso consulté a una profesional de la salud mental, Valentina Vargas, para que compartiera sus recomendaciones para ayudarnos a cuidar nuestro bienestar emocional en estos días tan monótonos como impredecibles. Valentina tiene más de 20 años de experiencia como psicóloga clínica — y en particular en primeros auxilios psicológicos, algo que se está implementando con éxito globalmente en situaciones de catástrofe colectiva, como esta —. Aquí están sus consejos.

LA EXPERTA: VALENTINA VARGAS
Psicóloga clínica

[1] Consumir la información de forma racional

Para no generar miedo o pánico, estrés o ansiedad anticipatoria, necesitamos consumir la información de forma racional. ¿Qué significa esto? La primera reacción que tenemos ante estas informaciones es el descontrol emocional, y por necesitamos que antes de ser evaluada o expresada al núcleo familiar pase por algún tipo de cedazo. Hay que evitar el exceso de información y ocupar el sentido común, porque no todas las noticias y lo que llega por los grupos de WhatsApp van a ejercer una influencia sana. No se puede traspasar información poco científica que genere o aumente el pánico.

El miedo en los seres humanos genera un nivel de estrés muy negativo, y todo nivel de estrés alto genera respuestas biológicas en los organismos, que degeneran tanto el funcionamiento metabólico como su salud en términos físicos. Mientras más miedo generamos individualmente, esto implica una inmunodepresión del sistema que nos protege. El miedo solo puede generar más inestabilidad emocional y del funcionamiento básico del organismo.

Por eso recomiendo pensar esto: quien debe ser racional eres tú. No podemos exigirle un patrón de racionalidad al otro, pero sí podemos consumir de forma racional. Tenemos que esperar que todo el mundo hable, se relaje, bote y vomite, y luego de forma muy autocontrolada generar una discriminación informativa. Apelemos a las características que tenemos como seres humanos — porque aplicar el sentido común es algo que nos identifica como organismo —.

[2] Determinar cuáles son los grupos de importancia

Tenemos que mantener activos los grupos determinantes, tanto en redes sociales como en WhatsApp. Tenemos que mantener la comunicación necesaria con los grupos de importancia. Y ojo: el tipo con el que jugamos dominó no es un grupo de importancia. Esos son los grupos que tienen de generar desinformación, porque quizás tienen percepciones distintas de la situación. Hay que tratar de suprimir los grupos irrelevantes a los que pertenecemos, porque necesitamos impedir una contaminación negativa. Hay que reducir los grupos de pertenencia y quedarse con los de más importancia.

[3] Mantener y proyectar una actitud positiva

No nos estamos muriendo nosotros, pero hay gente que se está muriendo. La actitud ante esto debe ser lo más positiva posible. Necesitamos resistir y que nuestro entorno resista. No es tapar la realidad, sino promover la esperanza y la alegría. Al lavarnos las manos, practicando el distanciamiento social, no andar visitando gente y saliendo de casa solo lo necesario nos estamos protegiendo… y cuidándonos nosotros cuidamos a los demás. Al llegar a la casa lavemos la ropa, pongamos la mascarilla al sol o desechémosla y hagamos todo con actitud positiva, sin actitud de pánico. Eso aumenta nuestras endorfinas, dopaminas y serotonina a nivel de neurotransmisores. Esto posibilitara a la larga, una mejor resistencia orgánica a los embates de la pandemia. Pero mantener una actitud positiva no significa tapar el sol con un dedo, mantenga todas las medidas de seguridad sanitaria, no se confié, hágalo por ud y por los demás, pero sea positivo y proactivo, colabore, sea solidario, haga lo que este a su alcance para que su entorno y ud mismo se mantengan sanos y asertivos.

[4] Mantener la ansiedad a raya con ayuda física

Si nos encontramos en un núcleo familiar hay que evitar estar peleando por tonterías. Hay que organizar la vida familiar, porque somos un grupo social con capacidad de organizarnos. Imaginen una madre sobregirada porque debe teletrabajar, atender el lavado, la cocina y el aseo. Hay que dividir las tareas.

Esto tiene un beneficio colateral para todos: mantener la actividad física rebaja la ansiedad. La actividad debe ser física, no solo intelectual, para mantener a raya la ansiedad. Esto es porque tiene la característica de invadirnos con pensamientos negativos que seguimos rumiando — y no hay libro o película que pueda pararlo —. Sin embargo, si nos ponemos a cocinar y regar las matas o a hacer un poco de ejercicio, la ansiedad baja. Por eso, al repartir las tareas de la casa de forma colectiva estamos ayudando a minimizar los patrones de ansiedad de todos.

[5] Usar las herramientas de relajación

Aquellos que tengan una buena disciplina con estructuras de relajación o meditación, o práctica en yoga y pilates, deben poner en práctica lo que conocen. Eso ayuda a evitar las crisis internas, porque no sabemos cuánto va a durar esto… pero desesperarnos no es el camino.

Maenadas

Si ustedes son cabezas de empresa o trabajadores independientes, ¿se acuerdan de cuántas veces nos dijeron que tuviéramos un gran clavo ahorrado en caso de que pasara alguna vaina? Bueno: la vaina llegó.

Los negocios considerados esenciales siguen operando aun con el ataque del coronavirus; otros como Maeno&Co tenemos la suerte de, aunque nuestras operaciones se han visto reducidas, podemos seguir teletrabajando. Muchos se están viendo obligados a tomar la decisión de cerrar sus puertas — en algunos casos por tiempo indefinido o, lamentablemente, de forma permanente —.

En los 10 años de existencia que tiene la agencia he tenido la dicha de recibir la asesoría de Adolfo Trinidad, el experto en contabilidad que nos mantiene por la rayita con nuestros deberes tributarios y nos ayuda a tomar las mejores decisiones financieras. Por eso, en medio de esta incertidumbre generalizada quise preguntarle: ¿Qué debemos hacer las PyMEs para resguardarnos económicamente en tiempo de coronavirus?

EL EXPERTO: ADOLFO TRINIDAD
Asesor en contabilidad

[1] Finalmente hacer el famoso presupuesto

La mayoría de los pequeños empresarios no hace el famoso presupuesto, y es un error. Todo el que entienda que pueda tener su negocio en marcha en la próxima temporada debe empezar por el presupuesto. Hay que definir los gastos con certeza, proyectado a tres meses, esperando que pase la resaca. Son 90 días sabiendo que hay que cubrir la nómina y los servicios para seguir operando.

Ningún ciudadano de a pie es experto en presupuesto, porque es un aspecto muy técnico, pero sí pueden definir cuáles son las prioridades obligatorias. Esto es importante para que las empresas no comiencen a salir de lo prudente. ¿Qué quiere decir eso? Que quizás el pago del alquiler del local no sea una prioridad obligatoria, porque puede que el propietario acepte llegar a una negociación o que, como plan B, puedan reducir el tamaño de las instalaciones mudándose a un local menos costoso. Por eso digo: el presupuesto no es lo que quisiéramos, sino lo necesario.

[2] Saber que el efectivo es rey

La segunda prioridad es, en la medida de lo posible, tener efectivo a mano. En el mejor de los casos esa liquidez la da el efectivo que estaba disponible en bancos, más el dinero de la empresa que tienen los clientes en mano.

En el caso del primero, es importante diversificar el ahorro y no poner todos los huevos en una canasta. No se debe tener todos los fondos en una institución financiera ni en una sola moneda — de hecho, yo recomiendo tener por lo menos el 30 por ciento en dólares, que es la moneda más accesible para nosotros después del peso —. Y luego de esto, hay que tratar de tener siempre efectivo en bóveda, si no se cuenta con una caja fuerte — y estamos hablando de por lo menos un 10 por ciento del capital líquido —. Lo importante es tener fácil acceso para cualquier tipo de contingencia.

En el caso del segundo, es conveniente renegociar deudas con esas cuentas, tratando de darles algún tipo de descuento o la facilidad de pago en plazos, para tratar de que eso se traduzca en efectivo para la empresa.

[3] Renegociar los compromisos

Así como sugiero ofrecer descuentos y plazos a los clientes, asimismo será necesario renegociar los compromisos con los proveedores o con las instituciones financieras, para llevar los pagos a plazos manejables.

En el caso de los préstamos, el Estado puso dinero a disposición de la banca, lo cual nos permite renegociar tanto las deudas de compromisos anteriores como las futuras. Ese dinero va a estar disponible a intereses atractivos y plazos factibles. Pero hago hincapié en la prudencia, porque esto debe ser para tener fondos de contingencia, y no para utilizarse en cosas innecesarias.

[4] Solicitar facilidades a la DGII

Va a ser necesario para muchos postergar los pagos tributarios que tenemos ahora y que vamos a tener a futuro. Por eso es importante acudir a la DGII para renegociarlos en caso de presentarse alguna situación, porque las facilidades ya están. Hay que aprovechar todo lo que ha sido dispuesto por el gobierno, desde la extensión del plazo para pagar impuestos — que son cuatro meses más — .

[5] Recordar su rol como ente productivo

Ninguna empresa puede verse como un ente aislado en la economía, porque todos somos una pieza el efecto dominó: juntos hacemos que el dinero circule y que todo el mundo pueda seguir produciendo. Por eso el Estado ha hecho tanto énfasis en medidas que permitan mantener la nómina y los compromisos con suplidores para así mantener un grupo de negocios a flote — el dinero tiene que seguir circulando —.

Pero esto también aplica a nuestro rol dentro del engranaje general: estamos todos juntos en la misma situación, y es hora de formar alianzas estratégicas. Es el momento de gestionar montos más atractivos con nuestros proveedores y de reducir nuestras comisiones como intermediarios, si aplican, para que así los clientes se vean motivados a comprar nuestros bienes o contratar nuestros servicios. Debemos buscar la manera de ayudar a nuestros semejantes.

Maenadas

Para pendenciero que me busquen: en los pocos viajes que he hecho al supermercado durante esta etapa de distanciamiento social no he podido evitar echar un vistazo rápido a los carritos a mi alrededor. Resumiendo mis hallazgos: he visto mucho conflé y muchos brownies en esas compras. Eso me ha puesto a pensar: ¿Es este el momento de entregarnos a la comida que nos da confort, como son los dulces, o en vez de eso de tratar de mantener la salud por la boca, con una ingesta más concienzuda de macronutrientes?

Decidí hacerle estas preguntas al doctor Jorge García Vincitore, a quien muchos de ustedes ya conocerán por su participación en el cuarto episodio de Sacándole el Jugo. Aparte, ¿hace bien tomar suplementos de vitamina C en estos días? ¿Hay una estrategia nutricional que sea mejor que otra? ¿Es mejor comprar alimentos frescos o irse por los congelados? Aquí comparto sus consejos.

EL EXPERTO: DR. JORGE GARCÍA VINCITORE
Medicina regenerativa y funcional

[1] Entender el rol de las vitaminas C y D

Primero, para desmentir algo que he escuchado mucho en estos días: no hay que volverse locos comprando vitaminas C y D. Hay que entender que ustedes pueden bañarse en esas vitaminas, y si no tenían una deficiencia de base, no les va a ayudar en nada para fines inmunológicos. Quien no tiene suficiente vitamina D necesita suplementar y hasta subir la dosis en esta situación… pero no ayuda en absoluto a quien ya la tiene en niveles normales.

Ahora, una salvedad importante: en estos días que estamos trancados en casa, cogiendo menos sol de lo poco que seguramente ya cogíamos antes por nuestro estilo de vida urbano, y aparte una dieta accidentada en cuanto a la vitamina D, seguramente muchos tenemos deficiencia. Por eso, y sobre todo para quienes no consumen productos de fuente animal, es importante considerar en estos momentos la suplementación con vitamina D3. Ojo: esta es liposoluble, así que es recomendable que la ingieran con comida o alimentos ricos en ácidos grasos, para así mejorar su absorción.

[2] Dar prioridad a la proteína

Los seres humanos no podemos ni producir ni almacenar proteína. Por lo tanto, debemos enfocarnos en tener una ingesta proteica adecuada cada día.

Tenemos que darle prioridad a estrategias que no solo nos lleven a suplir lo que necesitamos desde el punto de vista fisiológico, sino que también reduzcan la cantidad de veces que vayamos al supermercado — porque ahora mismo no hay mejor estrategia contra el COVID-19 que el distanciamiento social —. Así que si bien para unos la solución puede ser tener carne congelada disponible, para otros puede ser consumir un suplemento proteico… que justamente están para suplementar nuestra nutrición y así poder llegar a nuestros requerimientos diarios. La ventaja de estos suplementos es que se conservan por largo tiempo, son costo-eficientes y hay opciones para vegetarianos y veganos. Para los omnívoros recomiendo la New Zealand Whey, que proviene de ganado alimentado con pasto, no lleva hormonas y contiene calostro para robustecer el sistema inmunológico. Para quienes no consumen productos de origen animal recomiendo la marca Designs for Health, que ofrece proteínas muy completas.

Lo importante: cada contenedor da para muchísimos servicios, y con esto se reduce la cantidad de veces que tenemos que ir al supermercado.

[3] Mantener la ingesta de omegas

Hay otros macronutrientes que el cuerpo no puede producir por sí solo, y por lo tanto se hace necesario ingerirlos: los omegas. Nuestros organismos producen grasas, colesterol y triglicéridos, pero no generan ácidos grasos esenciales. Igual que con la proteína, hay una forma sumamente fácil de garantizar el suministro de esos ácidos: de nuevo, con suplementación. En caso de ser omnívoros está el aceite de pescado — aquí también recomiendo la marca Designs for Health, por su calidad — y para los vegetarianos y veganos hay productos hechos con algas que son superiores a los de linaza, dada su facilidad para metabolizarlos.

[4] Reconsiderar la forma de consumir vegetales

Yo tomé una decisión ejecutiva: como mi prioridad es reducir la cantidad de viajes al supermercado, para limitar mi exposición, sacrifiqué mi preferencia por los vegetales frescos y los estoy consumiendo congelados. No me gustan, pero es mejor que nada.

Para aligerarme el trago, los estoy ingiriendo en formato súperbatida: saco del congelador moras o fresas, col rizada, zanahoria, apio y pepino; a esa mezcla le añado espirulina, que es un suplemento maravilloso por sus capacidades anti-inflamatorias, y una cucharada de omega 3.

Con eso estoy resolviendo la necesidad de consumir vitaminas hidrosolubles, porque no hay mejor forma de ingerirlas que a través de las frutas y los vegetales.

[5] Limitar el consumo de azúcar

No es el momento de estar restringiendo a las personas, porque tenemos mucho estrés y con eso incrementan nuestras necesidades calóricas. Por eso ofrezco un camino intermedio: sin volvernos locos con el tema de los hidratos de carbono, mi recomendación es que como mucho un 10 por ciento de lo que consuman en el día corresponda al azúcar.

En vez de eso, les recomiendo ingerir carbohidratos de asimilación lenta, como los cereales y las legumbres, porque eso evita fluctuaciones severas en la glicemia en la sangre, y con esto la cantidad de insulina que produce el páncreas. La ventaja es que así el apetito se mantiene estable y con esto pueden manejar mejor la ansiedad, porque las fluctuaciones muy marcadas aumentan nuestras ganas de comer.

Y de nuevo, por si no les quedó claro: con esto evitamos dar tantos viajes al supermercado y correr el riesgo de exponernos. No hay mejor estrategia médica contra el COVID-19 que quedarse en casa.