Maenadas

Voy a ser muy sincero: como una gran parte de los servicios de Maeno&Co está relacionada al acto de reunir gente en eventos, el coronavirus se ha comido una gran parte de nuestra actividad. Pero yo sé que estoy en la profesión que tengo que estar, porque aun en situaciones negativas como esta mi cerebro solito salta con soluciones inesperadas.

¿Cómo así? Miren el caso de nuestros clientes de La Bodega de Manuel González Cuesta. Ellos habían contratado un grupo de influenciadores para promover sus vinos y destilados, y nuestra idea inicial había sido realizar un gran evento de bienvenida para ellos en las nuevas instalaciones —sí, esa construcción interesante que está en la Gustavo Mejía Ricart a mano derecha, poco antes de llegar a la Lope de Vega—. Pero por ahí vino Miss Rona y, obviamente, tuvimos que cancelar esos planes.

¿Significa eso que nos íbamos a quedar sin evento? No, porque el martes 7 de abril no podía dormir, y en medio de mis alucinaciones a las dos de la mañana me llegó a la cabeza la solución. Ahí mismo solté un bombazo de e-mail explicándole la idea al equipo de La Bodega. Les sugerí que ese evento de bienvenida había que hacerlo virtual, a través de Zoom, con todos los componentes de un evento normal: buena comida, buena bebida, una lista selecta de invitados, información exclusiva, toques de belleza y un ambiente ameno para conocer nuevas personas, divertirse y hasta crear conexiones. No sabía si iba a funcionar, pero mi intuición me decía que había que intentarlo.

Este viernes 24 de abril, gracias a la confianza de José Manuel, Michelle, Camila, Mimi, Aneley, Daniela y su equipo, pudimos ver el increíble resultado: el evento de bienvenida, llamado A casa llena, fue un exitazo. Pero, ¿cómo fue que logramos hacer un evento con toda la esencia de Maeno&Co en medio del confinamiento por coronavirus? Aquí les comparto mis aprendizajes.

Buena comida

Nos encanta ir a eventos a probar platos nuevos o a degustar la propuesta de un buen chef, ¿verdad? Pues aquí no iba a ser diferente: buscamos que un chef desarrollara una receta fácil de hacer, pero que sorprendiera en la boca y que llevara el ADN español de La Bodega. ¿Por qué fácil de hacer? Porque cada participante iba a hacerla en su casa, gracias a un kit que les enviamos con las instrucciones y todos los ingredientes. La idea era evitar que salieran de sus hogares para comprar la comida, pero que todos tuvieran la misma experiencia al comer.

Por eso funcionó tan bien la pasta ibérica del chef Carlos Romero, que aparte de tomates, pimentón y albahaca llevaba jamón ibérico Cinco Jotas y aceite de oliva Aubocassa —ambos productos de altísima calidad exclusivos de La Bodega—.

Buena bebida

Ya con la receta seleccionada, la sommelier senior de La Bodega nos recomendó un tinto adecuado para maridar: el Sela, de Bodegas Roda, una casa ubicada en La Rioja. Esta botella combina tempranillo y graciano, y tiene una crianza de 12 meses en barricas de roble francés. ¿Por qué esta selección? Porque va excelente con la grasa del jamón ibérico —de hecho, conversando con ella nos enteramos de que es de los pocos tintos que van bien con sushi, pues sus taninos finos armonizan con la grasa del pescado de piel plateada, como el atún—.

Cada invitado entonces recibió sus botellas de Sela en el kit, junto con dos botellas de agua San Benedetto sin gas y con gas, para limpiar el paladar.

Una lista selecta de invitados

Los influenciadores de La Bodega forman una cuadra muy variada: tenemos desde macrofiguras como Luz García y Carlos Durán hasta microinfuenciadores de apenas 20 años. Fue una selección muy estudiada y consciente de parte del equipo de La Bodega, y por eso todos tienen un denominador común: son personas interesantes que están interesadas en llenar su vida de buenos momentos con buen vino. En total, entre influenciadores y miembros de los equipos de La Bodega y Maeno&Co, éramos 36 asistentes.

Ahora, lo que no sabía es: por temas de intereses y edad, ¿iba a funcionar una reunión de personas dispares, que muchos no se conocían entre sí? Sigan leyendo para que se enteren.

Información exclusiva

Muchas veces vamos a eventos para enterarnos en primicia de una exclusiva, o para obtener información de primera mano. ¿Cómo íbamos a replicar eso aquí? Bueno, logramos un presente fantástico de parte del director general de Bodegas Roda, Agustín Santolaya, quien nos envió un vídeo hermosísimo para el evento. De hecho, su vídeo fue el inicio oficial del evento: con un carisma que nos dejó a todos una sonrisa en la cara, grabado con un paisaje rural de fondo, nos contó sobre sus viajes a República Dominicana, sobre cómo el nombre de Sela vino de una interesante decisión de mercadeo pero también de una pasión por la pesca en un río islandés, y sobre la arquitectura ancestral que rodea el campo de olivos mallorquín de donde sale el aceite Aubocassa. Se sintió como tener un invitado especial exclusivamente para nosotros —y de hecho, así mismo fue—.

Ahí entonces comenzamos a comer, para luego disfrutar de las palabras de bienvenida del equipo de La Bodega.

Los toques de belleza

Señores, esa noche salieron las vajillas y las servilletas monogramadas a bailar. Qué lindo fue ver las mesas de todos vestidas con elegancia, igual que las vemos cuando vamos a eventos. Aparte, varias de las participantes se dieron sus tires para la ocasión. De hecho, a varias les pidieron modelar la pinta una y otra vez, porque estaban preciosas. Muchas hasta se pusieron un maquillaje especial, y otras —no voy a mencionar nombres, pero rima con Nonena Tierrrr— hasta tenían su iluminación a la medida para lucir impecables en cámara.

Ahí fue que me di cuenta de qué tanto nos hacía falta a todos poder disfrutar de la belleza en la decoración, de poder vestirnos bonito, de ver y ser vistos. Jamás voy a volver a tomar eso por sentado. Ahora entiendo que eso es parte de la importancia de interactuar, de inspirarnos y de simplemente subirnos el ánimo.

Un ambiente ameno

Entre tanta gente feliz por poder compartir con un grupo grande, lo buena que estaba esa pasta, el lubricante social que es un buen vino y el deseo acumulado de cherchar, terminamos el evento casi a la medianoche. Yo no les puedo decir con palabras lo increíble que fue ese junte, aun a distancia. Ahí había gente haciendo chistes, enseñando a los perros, dando consejos de supermercados y hasta fregando en cámara —no voy a mencionar nombres, pero rima con Nonena Tierrrr—. Qué recuerdo tan bonito.

¿Por qué funcionó tan bien?

[+] Porque consultamos con nuestros productores de vídeo para realizar un tutorial para aumentar la calidad de grabación de las cámaras, y lo compartimos con los asistentes
[+] Porque enviamos un instructivo detallado sobre cómo usar Zoom correctamente con 36 personas, para que no nos habláramos encima de los demás
[+] Porque incluimos un elemento participativo y didáctico en el proceso, y está demostrado que esos componentes hacen que la gente se involucre y aprecie más lo que está haciendo
[+] Porque pusimos las cosas fáciles para poder cocinar de forma estandarizada y que todos tuviéramos la experiencia de “compartir” la misma comida
[+] Porque pusimos la protección sanitaria de nuestros invitados por encima de todo
[+] Porque tuvimos un cliente excelente que confió en hacer esta prueba primero que todo el mundo en República Dominicana, sin esperar a que otros confirmaran si se podía hacer
[+] Porque somos dominicanos y la chercha está en nuestro ADN, ya sea en persona, por Zoom, por Facetime, por señales de humo o por donde sea que volvamos a hacer (muy próximamente) eventos como este

Maenadas

No importa si les gusta la música de Bad Bunny o no: hay que admitir que la persona y el artista tienen una narrativa conjunta muy ecuánime. Cualquier artista puede ganarse el título de desbocado o transgresor; muy pocos pueden tener el orgullo de tener una voz que impacte en cuestiones sociales y políticas. Benito ha logrado ambos de una forma creíble y, a mi parecer, muy efectiva.

¿Que muchos cantantes son rebeldes sin causa, usando ropa llamativa solo por el hecho expreso de ser llamativa? Cuando Bad Bunny usó una falda en el Tonight Show de Jimmy Fallon no lo hizo por joder la paciencia; lo hizo en honor a Neulisa Luciano Ruiz, una compatriota transgénero a quien los medios boricuas irrespetuosamente tildaron de “un hombre en falda” en las noticias de su asesinato. Desde su posición como hombre cisgénero, heterosexual y exitoso, y usando como canal una presentación musical, utilizó su visibilidad para dar un mensaje poderoso en nombre de todos los que no tienen su privilegiado nivel de representación. Pero encima de eso sembró una semilla en las mentes de su público, que en su mayoría es joven: no hay nada de malo en ser transexual, así como no tiene nada de malo ser un hombre heterosexual y usar falda.

Claro, que eso era solo un tentempié para el bombazo que fue después el vídeo de Yo perreo sola: no solo por el mensaje a gritos en contra del acoso femenino, sino también por el mensaje susurrado que fue el esfuerzo que puso en el detalle artístico de las piezas que usa su alter ego femenino. Eso es respetar. Bad Bunny es como un flautista de Hamelín, pero positivo: con la excusa de su música digerible está educando a la juventud sobre temas sociales profundos.

Y ahora me pregunto: ¿Qué puedo aprender yo de Bad Bunny? O más que esto, ¿qué pueden aprender mis clientes y las marcas dominicanas en general de su forma de actuar? Los consumidores buscamos autenticidad, inteligencia y ecuanimidad en las propuestas. Con el celular en mano poco a poco los consumidores dominicanos nos hemos convertido en los verdugos y castigadores de toda marca personal o empresa que tenga un chipeo. Pero lo mismo pasa en sentido contrario: gracias al internet estamos abriendo los ojos, y por eso celebramos las voces privilegiadas que con sus mensajes buscan cambiar nuestra sociedad para bien.

En un país tan machista, el aislamiento domiciliario por causa del coronavirus ha hecho que muchos esposos y padres valoren más el trabajo casero

Por eso quisiera proponerles un ejemplo sencillo pero necesario: en un país tan machista, el aislamiento domiciliario por causa del coronavirus ha hecho que muchos esposos y padres valoren más el trabajo casero. Los memes sobre fregar, cuidar los hijos, la limpieza de la casa y la organización mental que requiere hacer la compra del supermercado no se han hecho esperar. Muchos hombres están revalorizando el rol que injustamente les dejan exclusivamente a sus mujeres — da gusto ver sendos posteos de Alberto Fiallo, Alejandro “Argentarium» FernándezPoteleche en su noticiero —. Imagínense: una parte de esas mujeres trabaja el mismo horario que sus esposos, y aparte entonces tienen que tirarse encima la totalidad del manejo del hogar.

 

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Déjenme compartirles esto que vi en el New York Times este pasado febrero: las mujeres en matrimonios heterosexuales experimentan los niveles más altos de trastorno psicológico, muy por encima de lo que reportan sus esposos. ¿Por qué? Porque estos dos últimos grupos no tienen que cargarse la casa y la familia enteras encima. hombre heterosexual, su machismo hogareño le está causando angustia y deterioro psicológico a su mujer.

Hay que normalizar esas tareas que no le quitan la hombría a nadie; más bien, son una muestra de grandeza y autoconfianza

¿Cómo pueden las marcas, desde su posición de privilegio, hacer su papel de Bad Bunny? La publicidad impacta nuestra forma de ver la vida; siembra una semilla en nuestras cabezas al indicar los bienes y las vivencias a los que podemos aspirar. Si la publicidad dominicana comenzara a enseñarnos que no tiene nada de malo encargarse del 50 por ciento de los menesteres del hogar, incluyendo la crianza de los hijos, pueden aportar a lograr una sociedad dominicana más positiva y menos sexista. Hay que normalizar esas tareas que no le quitan la hombría a nadie; más bien, son una muestra de grandeza y autoconfianza. Quisiera ver anuncios con padres cambiando pañales sin utilizar el recurso de la ineptitud para justificar que muchos no tienen instinto “maternal”. Quisiera ver artes con padres haciendo la tarea con sus hijos. Quisiera ver padres en el pediatra. Quisiera ver hombres haciendo la compra. Quisiera ver el yo-cocino-y-tú-friegas bien explícito. Quisiera ver marcas de alcohol presentando cócteles de colores para hombres y tragos con whisky para mujeres. Quisiera ver mujeres cambiando un bombillo y hombres lavando la ropa.

Sería muy simplista pensar que solo los políticos o los grandes empresarios pueden cambiar esta sociedad. Y sin embargo, nadie esperaría que un reggaetonero — con el sexismo histórico que arrastra el género — diera cátedras de feminismo. Por eso, aun desde nuestros pequeños roles quienes trabajamos en comunicación y publicidad podemos contribuir para crear la sociedad que queremos. Los creativos y creativas, ejecutivos/as de cuenta y gerentes de marca pueden hacer mucho con una estrategia sostenida de desmachificación de su comunicación. Así que, para aquellas personas que tienen ese poder, ¿se van a quedar callaítas o van a comenzar a perrear solas?

Maenadas

El despertar popular alrededor de las protestas contra la Junta Central Electoral nos ha regalado algo increíble: la posibilidad de encontrar héroes entre nosotros mismos. Pero también, porque somos humanos complejos, esta situación también nos ha llevado la contrario: a buscar villanos entre nosotros mismos.

Una de las supuestas villanas que surgió de todo esto fue Leidyn Bernárdez, una figura conocida en Instagram, TikTok y Twitter por la acidez de su humor y por su defensa de la belleza femenina en todos sus tamaños. ¿Su momento #sorrynotsorry? Temprano en la mañana el domingo de las elecciones municipales publicó en Twitter que en vez de votar se quedó haciendo pancakes en su casa. Menos de tres días después estaba protestando en la Plaza de la Bandera, con su respectiva foto en su feed de Instagram documentando el acto.

Muchos ahí vieron un acto de sonidismo, de incongruencia, de hipocresía. De hecho, la comparación de esos dos momentos, con sus recibos y pantallazos, corrió veloz por grupos de WhatsApp y las críticas llovieron. De ahí Leidyn sacó una cadena de tres tuits explicando lo que había sucedido entre ambos momentos, defendiendo su derecho a cambiar de opinión políticamente.

Yo, por mi profesión, no puedo evitar verlo como un caso de estudio en comunicación. Lo primero que pensé fue: si hubo un cambio de opinión entre el primer y el segundo momento, se saltó pasos al contar esa historia. Lo segundo que pensé fue: esto es una Maenada. Así que fui a la fuente, conversando con la propia Leidyn sobre la situación. ¿Qué sucedió realmente? ¿Qué aprendió? ¿Y qué pueden aprender todas las marcas personales sobre su experiencia?

Maeno: Yo soy de quienes piensan que si uno se debe a un público, es importante hacer la historia completa para que las cosas tengan sentido.
Leidyn: Yo lo expliqué, pero la persona que comenzó la controversia al compartir [el contraste de los dos posteos] por primera vez estaba buscando que me sintiera humillada. Y fue todo lo contrario: fue tan positivo que toda la gente que al igual que yo no votaba por temas de corrupción y manipulación de elecciones… bueno, esa gente dijo que así como Leidyn, ellos también.

Maeno: ¿Cómo respondiste a las acusaciones de querer sonar?
Leidyn: Sonido tengo yo, likes ya uno coge. Muchos jóvenes en este país, que por edad les tocaba comenzar a votar en estas elecciones, vienen de familias con años sin votar porque sus padres no tienen la esperanza de que las elecciones van a ser limpias. Ellos tampoco votaron el domingo. Por eso, cuando todo explotó, yo entendí que de ahí iba a salir algo positivo.

Maeno: Pero, ¿te arrepientes de haber comunicado tu mensaje de esa manera?
Leidyn: Yo no me arrepiento de lo que dije. De hecho, yo no pienso votar hasta que vea que lo que estamos haciendo con las protestas va a tener un resultado en el tema de transparencia. El hecho de que esto haya pasado sí me dejó ver cómo la gente se deja llevar por la controversia, en vez de pensar en quién más se puede identificar con el mensaje que se está dando. Igual que me pasó a mí, otras personas vieron mi caso y se decidieron a alzar su voz.

Maeno: Tú saltaste del pancake a la protesta sin explicación de por medio. No fue sino hasta un buen tiempo después que sacaste tres tuits explicando tu cambio de mentalidad. ¿Por qué no hablaste antes?
Leidyn: No fue por la gente que me comenzó a atacar. Para nada. Fue por la gente que, como yo, podía haber tenido un despertar político causado por esta situación. Cuando suspendieron las elecciones yo pensé que era un chipeo al cual ya nos tienen acostumbrados, como cuando la gasolina sube. Pero cuando vi que esto era algo más grande, me dije: No podemos aceptar normalizar una situación como esta. Ahí yo entendí que tenía que hacer algo por todos los que no habían ido a votar por falta de esperanza. Yo hablé no por el que me atacaba, sino por el que me seguía y me pedía razones.

Pero mira: yo desperté la misma noche del tuit de los pancakes. Otra gente despertó el primer día de las protestas, y otras despertaron ayer. Ninguno es mejor que otro. No importa tu proceso, si eres apolítico, si votas o no votas. No se puede juzgar el proceso de despertar de otra persona.

Maeno: Pero como tú estás expuesta públicamente, mucha gente pasó del pancake al despertar. Lo que se ve desde fuera es que si tú no documentaste la transición, no pasó. ¿Si uno no documenta las cosas en redes sociales, no pasan?
Leidyn: Para ellos, yo debí subir un vídeo explicando todo. Yo pienso que no es necesario dejarle saber a la gente eso.

Maeno: ¿Qué aprendiste de todo esto?
Leidyn: Que aunque uno sea apolítico debe estar al tanto con lo que está pasando en la política del país.

Maeno: A raíz de esta experiencia, ¿en el futuro hablarás menos o más?
Leidyn: Cuando te cohibes de ser quien eres atento a la gente, no estás siendo. Yo quiero seguir igualita. Si me cohibo de ser yo por estar expuesta en las redes sociales, entonces estoy tomando el mal camino. Este tipo de situaciones me hacen desarrollar más fortalezas en cuanto al manejo de controversia, porque sé que esta no va a ser la última. Esto me está pasando mientras crezco. Este es el momento en que deben de pasarme.

[Nota: Esta entrevista fue realizada el viernes 21 de febrero]

Me llegó muchísimo la idea de Leidyn de que, al igual que la parábola del hijo prójimo, debemos respetar el proceso de despertar de cada quien. Y es más, yo lo llevaría más lejos: debemos respetar las verdades relacionadas al momento de vida de cada quien. Una decisión no es mejor o peor que otra, sino que deben ser juzgadas por la validez que tengan para quien las toma. El Maeno de 21 años hubiera hecho exactamente lo mismo que Leidyn, por valorar la autenticidad por sobre todas las cosas; el Maeno de hoy, que le lleva una década, sí hubiera lanzado ese vídeo explicando el proceso, por valorar la tranquilidad sobre todas las cosas. ¿Por qué? Porque he aprendido que si no contamos una historia completa, la gente se va a encargar de llenar los espacios vacíos según les convenga.

Por eso me parece tan fascinante este caso: por un lado, es parte del debate de qué tanto de sus vidas y sus explicaciones le deben los influenciadores al público que los sigue; por el otro, reconfirma mi posición de que todo comunicador, sea una persona o una marca, debe manejar su narrativa, llenando todos los huecos posibles. En el caso de ustedes, ¿qué lección han sacado de esta situación?

Capturas cortesía de Leidyn Bernárdez

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¿Quién me mandó a meterme en esto?

Duré unos días para publicar esta entrada porque, increíblemente, mi cabeza seguía en las nubes durante un buen tiempo, a base de pura adrenalina, alivio y alegría. Después de tantos meses de planificación, de inventarnos locuras y de luchar para ejecutarlas, el día de INSPIRA llegó. Y miren: nosotros en Maeno&Co pudimos haber hecho una fiesta con un esquema tradicional para celebrar el décimo aniversario de la agencia… pero quienes nos conocen y han trabajado con nosotros saben que eso va totalmente en contra de nuestro ADN. Y les digo con el corazón lleno: yo pensaba que sabía, pero en realidad no me imaginaba cuánto iba a valer la pena ese esfuerzo.

Miren: no solo fue la realización del evento en sí, con un concepto de pasarela y distribución retador, sino también la proyección de un documental de 35 minutos y la presentación de la visión futura de Maeno&Co. Con orgullo hoy puedo decir que nosotros tomamos lo que por su gran complejidad pudo ser un arroz con mango y en vez de eso lo convertimos en un excelente poké.

Seguramente ya vieron la cobertura del evento en los Highlights de Maeno&Co o en los Stories que crecían silvestres el lunes pasado. Quizás habrán visto que hicimos que nuestros invitados — clientes, talentos, miembros de la prensa, socios comerciales y compañeros profesionales — entraran por el backstage, tras bambalinas, para comunicarles que ellos también eran parte de nuestro equipo. Pero aquí en el blog quiero darles el backstage del backstage: todo lo que sucedió para que todo eso sucediera — y lo que me pasó por la mente al terminar todo —.

[+] ¿Por qué entrar por la puerta trasera?

La relación entre una agencia y sus clientes no es algo a blanco y negro. Fíjense, por ejemplo, que en muchas ceremonias de premios de publicidad existe el galardón al Mejor Cliente. Eso se debe al importantísimo rol que tiene cada gerente de mercadeo y a veces CEO de brindar la información correcta a la agencia y, muchas veces, tener la intuición y la generosidad de atreverse con las propuestas que ofrece el equipo creativo. Por eso yo digo que si hoy Maeno&Co es reconocida por su trayectoria creativa e innovadora se ha debido en gran parte a los clientes que confiaron en nosotros y se convirtieron en nuestros socios cercanos.

Por eso me dije: ellos siempre han estado tras bambalinas con nosotros. Es hora de hacer que ese backstage reciba la luz que se merece. Por eso bloqueamos la entrada regular del Salón La Fiesta del Hotel Jaragua. A nuestro gerente creativo, Wilson Chiang, se le ocurrió hacer cintas de escena de crimen que decían algo como “Aquí yace tu zona de confort; lo que inspira está para allá” y con unas flechas los dirigimos por los camerinos, cada uno etiquetado con un nombre referente al evento. Luego de atravesar la pasarela, se daban cuenta de que habían salido a la tarima en vez de a los asientos. Con eso reforzamos el mensaje de que ellos han sido parte del firmamento de la agencia.

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[+] La alfombra azul

Arriba les dije que los invitados “atravesaban la pasarela”. No fue una sencilla caminata, sino que tras pasar por la enorme escultura en forma de corazón inspirado (vía Chiang y el ilustrador Marcel Saleta) brindamos la experiencia de alfombra roja más pimpeada que hemos hecho jamás. Primero, era una alfombra azul, siguiendo la paleta oficial del evento. Contratamos 10 actores para lograr este efecto: los actores tenían auriculares escondidos y, cuando cada invitado llegaba, nuestra directora comercial Rochelle Vicente les decía el nombre de cada uno.

Imagínense ustedes estar llegando a una alfombra y de repente escuchar su nombre gritado por todas partes, como si fuesen celebridades de la lista A. Ahí entonces Raúl Cohén y Pamela Núñez les brindaban asesoría para posar correctamente, hasta retirando carteras y celulares fuera de sitio. Al colocarse en uno de los tres puntos marcados previamente para posar, un batallón de los mejores fotógrafos sociales del país los capturaba a flashazos. Y de hecho, uno de los fotógrafos tenía como brief exclusivo seguir la onda de las fotos icónicas de Studio 54, con su espontaneidad y desenfreno. ¡Hasta eso planificamos!

Mientras todo eso pasaba, un DJ tocaba música para tirar los pasitos. ¿Y qué pasó? Que de hecho, muchos tiraron los pasitos: me di cuenta de que los invitados disfrutaron tanto esa entrada que, sin importar el tipo de persona, el género o la edad, muchos iban caminando casi bailando al ritmo de la música. Muchos me dijeron que, en efecto, ese trayecto les dejó con la adrenalina a mil.

Un comentario en particular me tocó: un hombre me comentó que odiaba tirarse fotos sociales, porque se sentía incómodo. Sin embargo, esta experiencia lo hizo sentir especial, a gusto consigo mismo y protegido. Para mí, eso se resume en brindar las herramientas y el ambiente necesario para inspirar a nuestros invitados a sacar su yo real.



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[+] La Siri inspirada

Una vez los invitados tomaron sus asientos, el evento comenzó con una Siri versión Maeno&Co que les explicaba de qué se trataba ese paso tras bambalinas. Ahí, la voz en off de la talentosa Leticia Pelliccione les decía que el backstage es para las estrellas, los creadores y los innovadores, y que ellos lo eran.

Y entonces llegaba el momento que más nervioso me tenía.

La visión futura de Maeno&Co afirma que en un mundo donde todos quieren influenciar, lo que debemos es inspirar

[+] El futuro de Maeno&Co

No me pregunten si me acuerdo cómo me fue en mi presentación. Yo solo sé que ensayé mi discurso mil veces, tanto que ni necesitaba el teleprompter — aunque ciertamente es muy necesario tenerlo de apoyo —. Sé que se me acercaron varias personas para decirme que fue uno de los discursos más completos y emocionantes que habían escuchado, y que en ningún momento la mente se les distrajo. Sé que nuestro diseñador gráfico George Quiroz estuvo diseñando transiciones tipográficas y descargando vídeos por siglos, pero que eso resultó en una de las presentaciones más visualmente dinámicas que hemos hecho jamás. Y sé que, cuando cerré con la visión futura de Maeno&Co, que decía que en un mundo donde todos quieren influenciar, lo que debemos es inspirar… eso se fue abajo.


maeno gomez casanova maenoco inspira
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[+] El documental

El concepto de INSPIRA nació hace casi un año, cuando el Grupo Universal se nos acercó para realizar un evento en celebración de su 55 aniversario. Pero no era cualquier evento: era una monstruosidad que llevaba una producción artística con una canción original y hasta la participación de Juan Luis Guerra, con la transformación del Teatro Nacional y sus terrenos, así como la presencia de la cúpula empresarial dominicana.

Ahí se me ocurrió que esa producción podría mostrar los conocimientos y la capacidad de ejecución del equipo de Maeno&Co, y que debíamos documentarlo de alguna forma. En el país no hay programas de estudio dedicados exclusivamente a la conceptualización y producción de eventos, sino que todos los que hacemos esto lo aprendimos pragmáticamente. Por eso me dije: me encantaría dejar este legado a los jóvenes que están comenzando hoy y que desean aprender cómo se hace esto.

Son precisamente esos detalles los que hacen que los eventos fluyan bien, y son trucos que hemos descubierto con la experiencia de tantos años

Lo que no esperaba es que, tras proyectar el documental, tantos profesionales de áreas que nada tienen que ver con eventos se me acercaran para decirme que no se imaginaban el gran esfuerzo que conllevaba, pero que gracias a la claridad del filme pudieron entenderlo todo. Por ejemplo, uno de los momentos que causó gran sorpresa fue la escena donde entre el equipo creativo y de producción discutíamos el tamaño de la invitación al evento. Nuestra experiencia nos ha enseñado que, para que las fotos sociales queden bien, las invitaciones no deben ser más grandes que la cartera tipo sobre que usan las mujeres de noche y que debe caber en la solapa de la chaqueta del traje de los hombres. Mucha gente no se imaginaba que ese detalle debe ser tomado en cuenta, pero son precisamente esos detalles los que hacen que los eventos fluyan bien, y son trucos que hemos descubierto con la experiencia de tantos años.

El lanzamiento del documental fue durante el evento, pero tendrá una segunda vida. Nuestra meta, como les decíamos, es que este recuento sirva como una herramienta de aprendizaje. Por eso en 2020 haremos una ruta por universidades y conferencias para que esto llegue a todos los que están comenzando ahora — y claro, también para llegar a gente que se identifique con nuestra forma de trabajar y en un futuro quiera formar parte del equipo o de la lista de clientes de Maeno&Co —.

[+] Lo que aprendí

Al finalizar la proyección del documental, antes de dar pie a la música en vivo cerramos con una lista de agradecimientos a todos los que habían hecho posible lo que habíamos vivido juntos. Ahí estaban el talentosísimo y dedicadísimo equipo Maeno&Co, a los clientes del Grupo Universal, a Garuda Films, a Tuto Guerrero y su equipo, a nuestros entregadísimos aliados de La Nave Post Lab, a Kristian Estrada de TouchMe Marketing, a Carlos Mena, a Andrés Lugo, al arquitecto Eduardo De Castro, a Nolberto Paez, a Narciso Isa, a Salvador Espinal y a decenas de personas que contribuyeron a llevar este proyecto imposible a cabo.

Pero ya con la tranquilidad que da la distancia, puedo decir que a una semana de haberse celebrado INSPIRA me quedan, aparte de la satisfacción profesional, tres grandes aprendizajes.

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El primero es que estamos tan acostumbrados a ver solo los productos terminados que pensamos que a nadie le interesa el proceso. Sin embargo, la respuesta que tuvo el documental y la demanda de transparencia que hay en redes sociales me ha confirmado que los que vivimos el backstage también tenemos historias interesantes que contar. ¿Y qué aprendí? En buen dominicano, que cada quien tiene el derecho y el deber de cacarear su vaina. Mucha gente cree que lo que hace, por ser algo que se queda detrás de cámaras, no es lo suficientemente atractivo como para mostrarlo. Yo con esta experiencia comprobé que la gente está ávida de este tipo de contenido revelador, y que es importante enseñarlo.

El segundo ha marcado un antes y un después en mí. Miren, cada quien tiene una imagen propia que es muchas veces muy diferente a lo que ven los demás. Pues yo me vi. Me vi en cámara cometiendo errores emocionales, me vi perdiendo los estribos, me vi irrespetando el tiempo y la atención de algunas personas. Cuando vi la primera edición del documental, lloré y comencé a gritar que quería cancelarlo todo — sí, yo a veces vivo a niveles de drama versión telenovela —. Pero lo internalicé y lo analicé, y tomé ese pietaje como un golpe necesario que me ha enseñado a ser más paciente, más humilde y más respetuoso. Fue terapéutico. Entendí la importancia de estar presente para mí y para los demás.

El tercero es algo que, increíblemente, me tocó vivir en carne propia para entender. Durante mucho tiempo yo como productor de eventos me enfocaba en que la celebración tuviera una buena traducción en los medios, con fotos para la prensa social o vídeos para cobertura en redes sociales. Muchos clientes se notaban ansiosos durante la confirmación de asistencia, tratando de que estuvieran en el evento la mayor cantidad de personas posibles. Yo lo veía como nervios de la víspera, pero ahora entiendo por qué lo hacen: porque una fiesta no la hace un montaje. Una fiesta la hace la gente. La energía que se vivió en ese salón era algo de otro mundo, descomunal, con tanta emoción positiva junta. Yo sentí el cariño y el aprecio de tanta gente que decidió apoyarnos con su asistencia y con su retroalimentación.

Hoy me siento, en pocas palabras, todavía más inspirado.

Fotos: Carlos Olivero y Raúl Peralta

Maenadas

Ver Rocketman, la película basada en la vida de Elton John, fue una epifanía profesional: en la medida de lo posible, Elton John colaboró con la película y se puso alante con todos sus tropezones. Desde una infancia psicológicamente difícil hasta los efectos de una relación tóxica y su lucha con las drogas, el alcohol y su propio autoestima, él decidió contar su versión relativamente oficial, para que no la siga manipulando alguien más. De hecho, él dijo en una entrevista a The Guardian que los productores querían que él le bajara algo, pero Elton John se negó, porque quería poder mostrar con tranquilidad tanto lo bueno como lo malo. Yo terminé saliendo de la sala y respetándolo mil veces más.

¿Y por qué digo que fue una epifanía profesional? Porque muchas veces las figuras públicas, y hasta las marcas, tratan de esconder sus tropezones, pensando que si no hablan de eso entonces van a dejar de existir. Pero no es así: lo que muchas veces sucede es que alguien más se adueña de la narrativa, y como no está el protagonista para dar una versión oficial, la gente entonces toma lo que se dice en la calle como bueno y válido.

Muchas veces las figuras públicas, y hasta las marcas, tratan de esconder sus tropezones

¿Saben por qué pasa eso? Porque tenemos miedo de vernos vulnerables, pero precisamente por eso comienzan a crearse rumores. Se va inflando e inflando una burbuja de rumores que se va formando alrededor de la persona, hasta que la asfixia. ¿Cómo se evita eso? Explotando la burbuja con la capacidad de adueñarse de quien uno es o de cualquier error cometido.

Por eso me dio tanto gusto ver lo que pasó recientemente con Casa Cuesta y su Midnight Sale. A mediados de septiembre ellos iban a ofrecer descuentos sustanciosos a través de su tienda en línea. Como ellos tienen la reputación de no relajar con los descuentos, la gente estaba deseosísima de entrar y arrasar con el inventario. Lamentablemente, entro tanta gente a la página que se cayó, y muchos no pudieron comprar. La experiencia me dice que muchas empresas dejarían eso así, haciéndose los caprinos desquiciados. Casa Cuesta, sin embargo, dio una lección de humildad (y de relaciones públicas): al otro día publicaron en su cuenta de Instagram un mea culpa, con el título “FALLAMOS”, así bien grande. No solo reconocieron su error rápidamente, sino que hicieron (y cumplieron) la promesa de ofrecer un Plan B a todo el que no pudo comprar ese día. ¿Cómo respondió la gente? Miren una selección de comentarios en la entrada:

¿Moraleja? Cada uno de nosotros, tanto personas como empresas, tiene una responsabilidad consigo mismo. Sin embargo, para ser responsable con uno mismo hay que ser honesto con el otro. Cualquiera comete un error, pero pocos salen de esa turbulencia mejores personas (y mejores marcas). Para ser de los que triunfan, hay que decir su vaina, adueñarse de ella, explotar la burbuja cuando está chiquita y seguir hacia adelante.

Maenadas

Muchas veces siento que, en materia de criticar, ni Usain Bolt le gana a la velocidad con la que agarramos el celular para teclear veneno. Esto es parte de lo que les comentaba en una Maenada pasada. Pero eso no me sorprende, porque al fin y al cabo somos humanos y es parte de nuestra naturaleza. Lo que sí me sorprende es lo lentos, poco empáticos o hasta incapaces que somos a la hora de alabar lo bien hecho.

Un piropo que sale del corazón es un regalo para una relación interpersonal, pero un piropo que sale del cerebro vale por dos para una relación profesional. Me explico: ya algunos hemos apagado el ego a la hora de aplaudir algo personal en los demás —ahí entra un piropo cuando alguien tiene el bonito revolteao, cuando a alguien le quedó bella su casa o cuando la comida está que se merece cuatro estrellas Michelín—. Sin embargo, nos cuesta muchísimo más utilizar esa misma mecánica para dar un piropo profesional. ¿Y saben qué es lo peor? Que muchas veces no es malicia, sino que no nos imaginamos la importancia que tiene para quien está del otro lado.

“¡Qué bonito quedo todo!” no es un piropo bien horneado

En Maeno&Co realizamos eventos con frecuencia, y lo digo en serio: la clave del éxito de lo que hemos hecho se debe en gran parte a esos piropos profesionales que nos indicaron cuál era el camino correcto. Mucha gente no se imagina el sudor y las neuronas que hay que ponerle a la producción de un evento; por eso, cuando alguien se fija en un detalle que costó trabajo y lo resalta, es casi como una consultoría gratuita (y muy apreciada).

Pero ojo: “¡Qué bonito quedo todo!” no es un piropo bien horneado. Yo creo que el sistema educativo dominicano hace demasiado énfasis en el qué y no en el por qué, usando mucha botella, introducción, desarrollo y conclusión en vez de análisis y opinión personal, y por eso crecimos sin desarrollar esos músculos mentales que nos permiten contextualizar nuestra opinión. Por eso, un piropo al dente sería: “Qué buena elección hicieron con la moderadora del panel, porque era un tema difícil de tratar, pero ella lo desmenuzó todo con humor para que cualquier ciudadano de a pie lo entienda”. Eso, por ejemplo, nos deja saber que ese talento conecta con el público, y debe ser nuestra primera elección a la hora de realizar eventos que conlleven conversaciones sobre el escenario.

Lo bueno necesita ser amplificado para que cree precedente y entonces tendencia

O no tiene por qué ser un evento. Quizás es algo que ven por redes sociales. Muchas veces no decimos nada porque pensamos que la empresa o el equipo ya lo saben, pero de nuevo: un piropo es una confirmación de que algo ha conectado con el público, y las empresas entonces ajustan la brújula para ir a este nuevo norte. Entonces pónganse a pensar: ya que ustedes tienen el poder a través del celular de comunicarse con cualquier persona o empresa, ¿por qué no reforzar lo bueno? Si comienzan a hacer eso, es muy probable que con sus opiniones encaminen al mercado hacia algo que vaya más acorde con lo que ustedes buscan. Muchos queremos aportar a la inclusión, a las medidas sostenibles, a la equidad de género. De corazón, se los digo: para todo eso, una crítica negativa ayuda muchísimo, pero un piropo también. Ambos ayudan a moldear la sociedad según lo que queremos ver, porque lo bueno necesita ser amplificado para que cree precedente y entonces tendencia.

Pero en la agencia decidimos no esperar a que esto cambie, y lo vamos a cambiar nosotros: si la montaña no va a Maeno&Co, Maeno&Co va a la montaña. Si asisten a uno de nuestros eventos en el futuro próximo, se van a dar cuenta de que vamos a estar con carpetica en mano dando carpeta, preguntándoles qué les gustó y qué no de lo que acaban de vivir. Vamos a abrir el horno y a sacarles tanto las críticas negativas como los piropos, porque esa es nuestra energía renovable para seguir mejorando.

Por eso, ¿quieren mejores empresas, mejores eventos, mejores talentos, mejor servicio, mejores colegas, mejores anuncios, mejores películas, mejores ambientes de trabajo, mejor lo que sea? Entonces hay que dejar de comerse los piropos.