Los otros lentes

¿Por qué hay personas que les cuesta recibir un piropo? No han sido una ni dos veces que le digo a alguien lo bonita que está, si el corte de pelo le quedó bien o la más común: «Tú estás más flaca», a lo que casi siempre responden: –«¡Ay no, gordísima!». Yo a esto le doy dos lecturas: o responden en negativo para que le sigan afirmando y seguir pescando piropos, así el tanque de autoestima se llena por unos minutos o nunca están conformes y ellos mismos van llenando de agujeros el tanque anteriormente mencionado. Esto me ha enseñado que cuando recibo un mensaje donde hablan de mí –y sé que es verdad–, lo acepto. Eso no es arrogancia, es amor propio.

El jueves pasado, el Listín Diario hizo un encuentro para lanzar su nueva edición de la revista Hombre A La Moda y me invitaron a ser la portada. Cuando tenemos un mensaje claro que puede aportar a muchos otros, no hay por qué negarse, y si viene con producción incluida, pues con más razón. Diana Suriel hizo unas preguntas claras: no solo quería conocer mi opinión de las cosas, sino cuáles son mis herramientas para cumplirlas; estoy obsesionado con enseñar y no contar.

 

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Hace unos meses hice una Maenada donde invitaba a que dejáramos de comernos los piropos y Rosanna Rivera, directora de Revistas y Comunicaciones del decano de la prensa, lo cumplió: dijo unas palabras que, definitivamente, me alimentaron el corazón:

Mencionar el nombre de Maeno Gómez Casanova en Listín Diario es sinónimo de compromiso, profesionalidad, ética y madurez. Con la certeza absoluta de que el decano de la prensa tiene en él un aliado estratégico y leal donde descansan los más bellos valores que pueden adornar a un ser humano, y que sin distinción de jerarquías, en cada visita suya a nuestro querido periódico, nos regala lo mejor de sus esencias. Por eso, al proponer a este joven destacado y querido para portada de nuestra revista «Hombre A La Moda del 2020», todos al unísono estuvimos de acuerdo que nadie como Maeno representa el espíritu de esta nueva generación.

Esta cuarta publicación de «Hombre A La Moda», realizada bajo la edición de Diana Suriel, llega cargada de mucha emotividad. Además de la íntima conversación con nuestro protagonista de portada, el contenido ha sido cuidadosamente seleccionado para adecuarlo a este tiempo en el que nos hemos visto en la necesidad de hacer una pausa y reflexionar hacia dónde queremos llegar, lo que salpica también la moda, que ahora refleja más comodidad. Otros temas son decoración y alternativas para estar en salud, con la colaboración de importantes colaboradores.

En lo personal, para Rosanna Rivera, este joven es nieto de mis inolvidables don Cristino y doña Nena, abuelitos paternos de Maeno, quienes fueron parte hermosa de mi niñez, hijo de Víctor Gómez Bergés, excanciller, político e intelectual, y de Carmensina Casanova, una de las damas más exquisitas, elegantes y encantadoras de nuestra sociedad; pero Maeno es, sobre todo, esa alma vieja con la cual me deleito por horas a filosofar de la vida, porque para él ningún tema le es ajeno; es un magnífico conversador, amigo leal y confidente, y un hermano menor que la vida me regaló en esta travesía, del cual me siento muy orgullosa de estar cerca y disfrutar cada uno de sus logros.

A Maeno, gracias por aceptar ser la imagen de nuestra revista Hombre A La Moda 2020».

Fotografías: Raul Peralta

Maenadas

«Los niños hablan cuando las gallinas mean». Esa era una frase muy común en las juntaderas familiares de los noventa… por lo menos en las mías. No las critico, somos especies de repetir patrones y no me cabe la menor duda que esa frase ha estado tatuada en familias por siglos. ¿En qué momento dejamos de ser niños y podemos hablar? Yo hoy me siento más niño que hace 20 años; tengo mucho más miedo y la verdad no tengo la menor idea de lo que estoy haciendo. Estamos viviendo en un mundo donde todo es válido, y cuando todo lo es, es mucho más difícil para nosotros elegir, discernir. Es más cómodo no entender lo que es malo o bueno, sino seguir a los que deciden qué lo es. Esos casi nunca tienen la razón. Y en ese momento –niños o adultos– debemos hablar.

Abrí un debate en Instagram donde preguntaba qué creían sobre la portada de Harry Styles en la edición de Vogue de diciembre. Él sale con un vestido, algo que no me sorprende –desde que él inició su carrera como solista ha sabido llevar un collar de perlas a lo Jackie O y transparencias mejor que JLo–. Lo sorprendente aquí fue el escenario: Vogue nunca había sacado un hombre con dicho estilismo y mucho menos solo; siempre había unas largas piernas femeninas en la ecuación.

 

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Entre todos los comentarios que recibí, los cuales fueron todos positivos (me confirmó que vivo en una burbuja, me hubiera encantado ver otros puntos de vista del por qué no están de acuerdo). Vi uno que fue el mismo comentario de Ramón Emilio, mi pareja, cuando vio la portada. «Lo que no me gusta es que parece que él lo está haciendo porque está de moda y se está montando en esa ola para ser más amado, más popular», me dijo en el estudio mientras veíamos Seinfeld. «Los hombres tienen tiempo vistiéndose de mujer: Prince, Kurt Cobain, Freddie Mercury. Es más, a Bad Bunny se lo creo más». Esto puede ser cierto, no conozco a Harry –me encantaría–, pero lo que veo es cómo el mercadeo o lo que algunos piensan que es una mentira, ha dado cabida a que otros vivan su verdad.

lo que veo es cómo el mercadeo o lo que algunos piensan que es una mentira, ha dado cabida a que otros vivan su verdad.

 

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Abrir esta conversación me expuso a historias y opiniones, donde me demuestra que hay que usar plataformas mainstreams –me refiero a Vogue– para tocar estos temas, porque no todos tienen la fuerza de hablar «cuando las gallinas mean». Aquí mis tres aprendizajes para que seamos más hombres:

[1] Tu profesión no la hace tu ropa.

Siempre he pensado que uno debe vestirse para proyectar su personalidad, no esconderla. Si pasaremos más tiempo estilizando nuestro cerebro, este escrito no sería necesario. El ejemplo de Harry Styles es un extremo de la conversación, pero hay acciones pequeñas, esas que muchos pasan por alto y otros critican. Tenemos un presidente que no usa corbata, un canciller que usa chacabana y hasta camisilla. ¿Eso los hace más o menos inteligentes?

[2] A veces necesitamos que nos salven.

Ahora más que nunca la salud mental se está viendo afectada. Muchos no tenemos los mismos ingresos que antes. La gente está hostil, habla mal, se desespera. La inteligencia emocional está de vacaciones. ¿Cuántas familias no dependen del hombre para que pague las escuelas, la comida, las medicinas? Muchos viven con esa presión, no tienen con quién hablar, con quién explotar, y al explotar digo rajarse a dar gritos, tirarse en el suelo o simplemente no hacer nada. Doy gracias diariamente de vivir una vida donde, de vez en cuando, me recuesto para que me salven: que decidan qué pedir de cena, que vayan al súper, que paguen la tarjeta este mes. Aprobemos el trabajo en equipo. Cuando vas en calle de doble vía, le ves la cara al de al lado, en cambio de siempre estar detrás o delante.

[3] Seamos todos más Elsa.

Señores, let it go. No estamos en este mundo para que el otro sea como tú quieres que sea. No crucifiquemos a los diferentes. El que es genuinamente feliz, lo único que quiere es ser feliz contigo. Eso no es sinónimo de que para serlo nos tiene que gustar lo mismo. Si tu hijo quiere ser Elsa, permíteselo. Que se lo prohíbas ahora, no quiere decir que no lo haga cuando pueda. No hay que ser psicólogo ni padre para saber eso.

@shalynnelson

My husband and my son dancing in the kitchen tonight. It made me want to freeze time. ❤️ #imnotcryingyouare #fyp #foryoupage #feelgood #frozen #family

♬ original sound – shalynnelson

Yo no creo que me ponga un vestido en un futuro cercano y con más razón para que todos entendamos que esto no se trata de una falda –o de mis canillas heredadas–. Esto es de saber respetar al que quiera hacerlo, aplaudir el que se atreve a ser diferente y entender otra frase noventosa famosa en mi casa: «Cada dedo de tu mano es diferente, pero están todos unidos». Seamos respetuosos de cada dedo, porque todos venimos del mismo sitio y cada uno tiene una razón de ser en esto que llamamos mundo.

Fotografías: Tyler Mitchell

La Ruta Volvo

Para mí, los domingos se llaman Il Caminetto, pero no siempre fue así. Todo empezó cuando alguien —no recuerdo quién— me dijo que cerca de mi casa había una pizzería nueva y que sus pizzas eran las mejores. Muy confiado, me levanto y decido caminar hacia el lugar —literalmente estaba a dos esquinas de mi casa—. Cuando veo la plaza descubro un local de 50 metros cuadrados, debajo de La Iglesia de Dios Centro de Adoración Naco y al lado del distribuidor autorizado de aspiradoras Rainbow. Aquel parqueo estaba abarrotado de gente, sin saber si eran creyentes del Altísimo o de la pizza misma. Entro e inmediatamente veo que no hay mesas, y en el fondo, aturdido y eléctrico se encuentra un hombre rubio, buenmozo y con pinta de extranjero que me dice que la masa se acabó y que no podía atenderme. Yo, criado como hijo único —aunque no lo soy—, lo miro y pienso: “Son las dos de la tarde y ya se te acabó la masa. Esto no va a durar”. Doy media vuelta y jurando no volver, camino hacia mi hogar a tragar aire, porque mi apetito había cogido el mismo camino que su masa.

Las recomendaciones seguían lloviendo. “Maeno, esa pizza es buena”. “Maeno, a ti te va a encantar”. “Maeno, dale un chance”. Resulta que volví un domingo y allí, entre el Evangelio y par de Rainbows, como sacado de un libro de Jane Austen, conocí lo que fue el amor a Il Caminetto. Es una relación que lleva siete años, donde Francesco Curcio, propietario, artista y pizzaiolo me dio la verdadera lección de humildad, y dicho en sus propias palabras, “lo que más satisfacción me daba era ver gente importante y poderosa haciendo fila para comer mi pizza”. Voy a creer que hablaba de mí.

Il Caminetto vino a enseñarnos la verdadera pizza napolitana. Es, según explica Francesco, “una masa sin grasas, mantequillas ni aceites, que lleva una cocción muy violenta de 60 a 90 segundos, y que para lograr esta temperatura es obligatorio un horno napolitano, hecho de ladrillo del Monte Vesubio —es el único que permite lograr los mil grados Fahrenheit—para que el producto final quede suave y se derrita en tu boca”. Me cuenta él que ha sabido preparar, junto a su compañero, hasta 500 pizzas en siete horas y que ese mismo éxito lo ha hecho llorar en el callejón de su restaurante. “El esfuerzo físico es muy grande, pero el psicológico es aun mayor”. Eso me dice mientras yo disfruto un pedazo de su pizza favorita —la Caminetto— y él me mira con envidia, porque ha rebajado 40 libras y mi accionar atentaba contra su logro.

Nos sentamos en una mesa para dos, y ahí empezó la primera entrevista de La Ruta Volvo.

maeno gomez casanova ruta volvo il caminetto

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¿Cómo arrancó Il Caminetto?
Inició hace siete años y surgió porque mi primer trabajo, desde que terminé el colegio, fue en pizzerías en Italia. Luego de tres años vine a República Dominicana, porque mi papá abrió un restaurante, con la idea de que siguiera haciendo una buena pizza. Luego del segundo año trabajando con él conocí a un venezolano que se enamoró de las pizzas que preparaba y me propuso hacer un restaurante con él.

Se cumplió mi sueño y abrimos Il Capriccio. Después de ocho meses y con el dinero de las ventas, decidí abrir Il Caminetto. En ese momento no tenía mi sello; simplemente hacía la pizza clásica que se encontraba en muchos otros lugares. Con el pasar del tiempo y mi deseo de hacer algo diferente, de destacarme —porque nunca quería ser uno más—, comencé a buscar una mejor materia prima. Estudié e investigué cómo podía mejorar la masa. Hice todo tipo de fermentación, directa e indirecta, todo tipo de pruebas, hasta que llegué a lo que tienes entre tus manos.

¿Qué se tiene que hacer para lograr una buena pizza?
La masa y buenos ingredientes. Si tienes esas dos cosas, es muy difícil que te salga mal. Pero para conseguir eso se necesita estudiar y conocer la materia prima, porque no todo el mundo tiene la misma harina, el mismo queso.

Cuando yo empecé no habían harinas italianas en el mercado dominicano. Nadie te decía qué fuerzas tenían, cómo se utilizaban. Pasaba horas haciendo pruebas, improvisando e inventándome procesos, cosas que nunca tuve que hacer en Italia. Al momento de importar mi propia harina y hacer productos diferentes, los clientes, sin saber quién yo era, empezaron a llegar y de vender cinco pizzas diarias, saltamos a 60.

¿Qué consideras fue lo que te llevo a esa fama tan rápido?
Fernandito Rainieri, que en paz descanse. Él fue la primera persona influyente que visitó mi negocio y siempre me promocionaba en redes. Luego vino Bocao y a partir de ahí siempre hemos ido incrementando y creciendo en el negocio. Hace un año decidimos salir del local pequeño, que todo el mundo odiaba pero que también amaban, pero que debido a la demanda tuvimos que ampliar.

¿Que esto sube el costo? Sí, pero así como elijo mis ingredientes, así me valora mi público.

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Si el secreto era la masa, ¿cómo fuiste seleccionando los ingredientes?
Todo es en base a seleccionar lo que más te guste. En mi caso, yo tengo buen paladar y sé seleccionar lo que es bueno para mis estándares. Puedo quizás usar algunos elementos locales, pero en mi caso, que vendo pizza italiana, debo contar con buenos embutidos importados. Por ejemplo, localmente nadie ha podido hacer un peperoni de calidad, y entonces me veo obligado a importarlo. ¿Que esto sube el costo? Sí, pero así como elijo mis ingredientes, así me valora mi público.

¿Cuáles son tus pizzerías favoritas?
Franco Pepe, que ahora mismo es la número uno en el mundo, tiene una pizza que además de que los ingredientes y la masa son increíbles, se derrite en tu boca como mantequilla. También me gusta comer pizza en Nueva York. Ribalta es una de mis favoritas; conocí el dueño en Las Vegas, donde tuve la oportunidad de conocer los mejores pizzeros del mundo.

¿Te consideras el pionero de la pizza napolitana en República Dominicana?
Sí, soy el único certificado en el país. Tuve que estudiarme todo el reglamento, presentar y pasar la prueba presencial. Ellos vinieron a mi local a darme el examen. Te cuento que el primero lo reprobé y pedí otra oportunidad y ahí pasé. La pizza napolitana forma parte del patrimonio cultural de la humanidad y por ende, son muy estrictos para otorgar dichas certificaciones.

¿Cuáles son tus pizzas favoritas de Il Caminetto?
Mi menú es un recorrido sobre mis pizzas favoritas en todos estos años. La primera fue la Il Caminetto. Pasé años comiéndola; en el restaurante de mis padres la teníamos y se llamaba Mamma Mia. Ahora mi favorita es La Francesco. Hay personas a quienes no les gusta el atún sobre la pizza, pero quienes la prueban quedan fascinados.

Fotografías: Luis Valdez

maeno gomez casanova
Maenadas

Para decirlo en pocas palabras: la covidianidad me ha llevado a pensar en un modelo de negocio modificado para Maeno&Co. Ya que no tendremos eventos masivos por un buen tiempo —y ese renglón representaba la mitad del trabajo de la agencia— ahora estamos trabajando con una estructura más pequeña y una visión renovada de la comunicación.

¿De donde vino esta decisión? Los momentos difíciles hacen que saquemos lo mejor de nosotros mismos. Por eso, en los cuatro meses de aislamiento, contra todo pronóstico, la agencia logró sobrevivir. Aun con un equipo reducido logramos inventar, innovar y crear nuevos formatos de comunicación covidiana. Nos sentimos optimistas y con ganas renovadas de sorprender a nuestros clientes y al público dominicano. Subimos nuestra rentabilidad y nos convertimos en una máquina mucho más flexible. Y algo me decía que, en estas circunstancias, en ese modelo estaba nuestro futuro.

Pero yo necesitaba saber si esa nueva estructura podía dar frutos financieros a largo plazo. Mi cerebro creativo está desarrollado, pero mis habilidades para los numeritos son otra cosa. Yo quería saber cómo se transformaría la agencia a mediano plazo. ¿Cómo yo podía comprobar y cuantificar, con recibos y tablitas de Excel mágicas, lo que me estaba diciendo la intuición? Ahí decidí recurrir a mi arma secreta: ya que Maeno&Co no tiene CFO, pedí un director financiero prestado. Ahí entró el Money Coach Félix Rosa.

Félix ya me había ayudado bastante con mis finanzas personales, pero su fuerte real está en brindar consultorías a pequeñas y medianas empresas. Por ejemplo, el primer consejo que me dio durante la consultoría fue no cerrar la empresa. Yo no lo sabía, pero sale más caro comenzar una estructura desde cero que sostener una empresa en medio de una crisis. En otras palabras: valía la pena luchar por Maeno&Co. De nuestras sesiones salió tanta información valiosa que creo que estos datos no aplican exclusivamente a mi agencia, sino también a muchos negocios de un tamaño similar. Y como ya ustedes saben que me gusta compartir mis pequeños descubrimientos, aquí van las tres grandes lecciones que aprendí del Money Coach en este proceso de repensarme la estructura y el modelo de mi negocio en un mundo covidiano.

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[1] No siempre es más barato mudarse a un local más pequeño

Maeno&Co está actualmente en una nave industrial, donde pagamos varios miles de dólares de alquiler mensual. Lo primero que pensé fue que como éramos solo la mitad del personal nos podíamos mudar a un espacio de co-working, para recortar gastos. Félix me preguntó: “¿Estás seguro de que sale más barato?”. Me explicó que no había tomado en cuenta la inversión inicial en remozamiento y mobiliario de varios millones de pesos que hicimos al trasladarnos ahí hace dos años, y que todavía nos faltaban unos tres años para poder “consumir” esa inversión, calculando el paso de la depreciación de esos bienes. O sea: que si nos íbamos ahora, iba a estar dejando varios millones de pesos ahí tirados. Al dividir eso entre los meses que estábamos “desperdiciando” y sumado al alquiler en un espacio de co-working, vino la sorpresa: salía muchísimo más caro irnos.

Muchas veces los propietarios de un negocio nos vamos por lo que pensamos es algo obvio, y no nos ponemos en manos de especialistas que nos puedan sacar los numeritos minuciosamente y nos muestren la realidad. Yo que tengo unos lentes fondo-de-botella con todo los aumentos del mundo, Félix me los aumentó todavía más: seguramente así es que se le abre el pecho a un negocio, con ese tipo de cálculos erróneos.

Aparte, me quedé pensando: el holgado espacio que tenemos nos permitiría ser muy ágiles en la creación de nuevos servicios especializados con alta demanda en estos tiempos. Así que, por el mismo precio, ese local nos puede representar en el futuro próximo un potencial de ingresos mayor.

[2] Hay que cuantificar la paz y la felicidad

Vamos a estar claros: Maeno&Co es la agencia que puso Maeno para fajarse y así tener los fondos para poder cumplir sus metas personales. ¿Bien? Entonces, basado en mis finanzas personales puedo poner los límites y las proyecciones de la empresa, para yo saber cuánto es que la empresa tiene que darme para yo ser feliz con lo que hice. Lo fácil y lo difícil de este proceso es que uno tiene que ser egoísta. ¿Por qué? Porque este tipo de negocios es un colmado: bajo esta fórmula, depende y dependerá de mí.

Nosotros los mileniales hemos visto lo destructivo que puede ser el solo buscar enriquecimiento financiero sin equilibrarlo con enriquecimiento emocional

Así que, aparte de asignarle un monto anual a mi felicidad financiera, Félix me pidió hacer otro ejercicio: asignarle un monto a mi paz. Eso significa que tengo que estar dispuesto a ganar menos si quiero poder estar sin dar un teclazo los fines de semana, si quiero poder llegar a la oficina a las nueve en vez de las ocho, si quiero poder tomarme un mes sabático para irme al extranjero. Así que él hizo una regla de tres, metió ahí el monto de mi felicidad y el monto a debitar por concepto de paz, y me explicó cuál es mi meta para tener ambas.

Estos dos montos son muy personales. Yo, de hecho, creo que varían según la generación: la que nos precede quiere ganar dinero a toda costa; nosotros los mileniales hemos visto lo destructivo que puede ser el solo buscar enriquecimiento financiero sin equilibrarlo con enriquecimiento emocional. Hay gente mayor que me dice que soy un tonto por tener como meta poder tomarme dos viernes libres al mes; me dicen que me rendí, que debería enfocarme en ganar todo cuanto sea posible. Pero yo estoy luchando con esos demonios internos y estoy intentando desaprender esa sed de querer añadir ceros al final de mi cuenta bancaria.

A mí me ha inspirado mucho escuchar lo que está haciendo Ámsterdam con su economía dona: ellos dicen que nadie debe estar en el hueco de la dona ni fuera de la masa. El hueco es la pobreza, con gente sin hogar ni comida; fuera de la masa está todo lo que sea medioambientalmente negativo. Ellos buscan no crecer más allá de un rango fijo de masa, porque si crecen más, con eso le echan leña al fuego del cambio climático. En mi caso, el hueco de la dona es la quiebra, la masa es mi monto de felicidad financiera y todo lo que está fuera de la dona es lo que me quita paz por demandar tanto de mí. Como me explicó el Money Coach: “El negocio tiene que satisfacerte a ti como propietario, porque si no, no hiciste negocio —solo te construiste una cárcel bien bonita—.”

Por eso, Félix me calculó varios escenarios: uno pesimista y uno optimista, según esta nueva estructura que estaba intuyendo. Increíblemente, ambos apuntaban hacia un buen balance entre paz y felicidad. Así que, si bien Félix es mi CFO prestado, yo diría que también es mi CHO —Chief Happiness Officer—.

[3] Más grande no quiere decir más eficiente

Félix me contó sobre la mentalidad que adoptaron las empresas estadounidenses entre los 70s y los 2000s: una visión “grow or die”, buscando multiplicar el tamaño de cada empresa en poco tiempo. Pero me explicó que hoy se dieron cuenta de que una empresa más grande no es necesariamente más eficiente. Si uno no crece organizado, está ampliando la estructura pero no los márgenes. Así que me conectó las finanzas con la gerencia: me dejó de tarea recalcular los procesos internos de la agencia, para buscar huecos y solucionarlos. Por eso les decía que me había sorprendido ver cuánto aumentó la rentabilidad con una estructura reducida: mejoró nuestra comunicación interna y logramos entregar proyectos de altísima calidad en tiempos récord, trabajando de forma unida con nuestros clientes a pesar de la distancia. Tuve que tomar una decisión difícil de reducir el personal, y creo que hasta he sufrido más con esa decisión que con todo lo que me angustié al principio. Pero mi meta ahora va a ser seguir mirando hacia adelante y tratar de seguir replicando esa experiencia de productividad.

Entonces, ¿significa que Maeno&Co va a tomar menos clientes o que va a ofrecer menos servicios? No: significa que ahora estamos eficientizando nuestros servicios y nuestros procesos para poder ofrecer mucho más a nuestros clientes. Vamos a inventar más, a explorar más, a innovar más —y todo con un toque muy nuestro, muy humano, muy personalizado—. La empresa siempre se ha autodenominado como una agencia boutique, y nuestro ADN no ha cambiado. De hecho, se ha fortalecido.

Por eso me alegro de poder tomar estas decisiones con certeza. Yo alquilé el cerebro financiero de Félix por dos meses, para poder analizar esta situación no con desesperación ni falsas esperanzas, sino con la tranquilidad que brindan los números. En estos momentos de incertidumbre, cualquier decisión errada puede tener un efecto dominó sobre la salud de una pequeña o mediana empresa. Por eso, mi intuición creativa sabe que no hay mejor acompañante que alguien que le pueda poner números a lo que uno está sintiendo. Ojalá muchos de ustedes, que seguramente también están pasando por procesos similares, tengan la oportunidad de hacer una introspección financiera similar.

Maenadas

Voy a ser muy sincero: como una gran parte de los servicios de Maeno&Co está relacionada al acto de reunir gente en eventos, el coronavirus se ha comido una gran parte de nuestra actividad. Pero yo sé que estoy en la profesión que tengo que estar, porque aun en situaciones negativas como esta mi cerebro solito salta con soluciones inesperadas.

¿Cómo así? Miren el caso de nuestros clientes de La Bodega de Manuel González Cuesta. Ellos habían contratado un grupo de influenciadores para promover sus vinos y destilados, y nuestra idea inicial había sido realizar un gran evento de bienvenida para ellos en las nuevas instalaciones —sí, esa construcción interesante que está en la Gustavo Mejía Ricart a mano derecha, poco antes de llegar a la Lope de Vega—. Pero por ahí vino Miss Rona y, obviamente, tuvimos que cancelar esos planes.

¿Significa eso que nos íbamos a quedar sin evento? No, porque el martes 7 de abril no podía dormir, y en medio de mis alucinaciones a las dos de la mañana me llegó a la cabeza la solución. Ahí mismo solté un bombazo de e-mail explicándole la idea al equipo de La Bodega. Les sugerí que ese evento de bienvenida había que hacerlo virtual, a través de Zoom, con todos los componentes de un evento normal: buena comida, buena bebida, una lista selecta de invitados, información exclusiva, toques de belleza y un ambiente ameno para conocer nuevas personas, divertirse y hasta crear conexiones. No sabía si iba a funcionar, pero mi intuición me decía que había que intentarlo.

Este viernes 24 de abril, gracias a la confianza de José Manuel, Michelle, Camila, Mimi, Aneley, Daniela y su equipo, pudimos ver el increíble resultado: el evento de bienvenida, llamado A casa llena, fue un exitazo. Pero, ¿cómo fue que logramos hacer un evento con toda la esencia de Maeno&Co en medio del confinamiento por coronavirus? Aquí les comparto mis aprendizajes.

Buena comida

Nos encanta ir a eventos a probar platos nuevos o a degustar la propuesta de un buen chef, ¿verdad? Pues aquí no iba a ser diferente: buscamos que un chef desarrollara una receta fácil de hacer, pero que sorprendiera en la boca y que llevara el ADN español de La Bodega. ¿Por qué fácil de hacer? Porque cada participante iba a hacerla en su casa, gracias a un kit que les enviamos con las instrucciones y todos los ingredientes. La idea era evitar que salieran de sus hogares para comprar la comida, pero que todos tuvieran la misma experiencia al comer.

Por eso funcionó tan bien la pasta ibérica del chef Carlos Romero, que aparte de tomates, pimentón y albahaca llevaba jamón ibérico Cinco Jotas y aceite de oliva Aubocassa —ambos productos de altísima calidad exclusivos de La Bodega—.

Buena bebida

Ya con la receta seleccionada, la sommelier senior de La Bodega nos recomendó un tinto adecuado para maridar: el Sela, de Bodegas Roda, una casa ubicada en La Rioja. Esta botella combina tempranillo y graciano, y tiene una crianza de 12 meses en barricas de roble francés. ¿Por qué esta selección? Porque va excelente con la grasa del jamón ibérico —de hecho, conversando con ella nos enteramos de que es de los pocos tintos que van bien con sushi, pues sus taninos finos armonizan con la grasa del pescado de piel plateada, como el atún—.

Cada invitado entonces recibió sus botellas de Sela en el kit, junto con dos botellas de agua San Benedetto sin gas y con gas, para limpiar el paladar.

Una lista selecta de invitados

Los influenciadores de La Bodega forman una cuadra muy variada: tenemos desde macrofiguras como Luz García y Carlos Durán hasta microinfuenciadores de apenas 20 años. Fue una selección muy estudiada y consciente de parte del equipo de La Bodega, y por eso todos tienen un denominador común: son personas interesantes que están interesadas en llenar su vida de buenos momentos con buen vino. En total, entre influenciadores y miembros de los equipos de La Bodega y Maeno&Co, éramos 36 asistentes.

Ahora, lo que no sabía es: por temas de intereses y edad, ¿iba a funcionar una reunión de personas dispares, que muchos no se conocían entre sí? Sigan leyendo para que se enteren.

Información exclusiva

Muchas veces vamos a eventos para enterarnos en primicia de una exclusiva, o para obtener información de primera mano. ¿Cómo íbamos a replicar eso aquí? Bueno, logramos un presente fantástico de parte del director general de Bodegas Roda, Agustín Santolaya, quien nos envió un vídeo hermosísimo para el evento. De hecho, su vídeo fue el inicio oficial del evento: con un carisma que nos dejó a todos una sonrisa en la cara, grabado con un paisaje rural de fondo, nos contó sobre sus viajes a República Dominicana, sobre cómo el nombre de Sela vino de una interesante decisión de mercadeo pero también de una pasión por la pesca en un río islandés, y sobre la arquitectura ancestral que rodea el campo de olivos mallorquín de donde sale el aceite Aubocassa. Se sintió como tener un invitado especial exclusivamente para nosotros —y de hecho, así mismo fue—.

Ahí entonces comenzamos a comer, para luego disfrutar de las palabras de bienvenida del equipo de La Bodega.

Los toques de belleza

Señores, esa noche salieron las vajillas y las servilletas monogramadas a bailar. Qué lindo fue ver las mesas de todos vestidas con elegancia, igual que las vemos cuando vamos a eventos. Aparte, varias de las participantes se dieron sus tires para la ocasión. De hecho, a varias les pidieron modelar la pinta una y otra vez, porque estaban preciosas. Muchas hasta se pusieron un maquillaje especial, y otras —no voy a mencionar nombres, pero rima con Nonena Tierrrr— hasta tenían su iluminación a la medida para lucir impecables en cámara.

Ahí fue que me di cuenta de qué tanto nos hacía falta a todos poder disfrutar de la belleza en la decoración, de poder vestirnos bonito, de ver y ser vistos. Jamás voy a volver a tomar eso por sentado. Ahora entiendo que eso es parte de la importancia de interactuar, de inspirarnos y de simplemente subirnos el ánimo.

Un ambiente ameno

Entre tanta gente feliz por poder compartir con un grupo grande, lo buena que estaba esa pasta, el lubricante social que es un buen vino y el deseo acumulado de cherchar, terminamos el evento casi a la medianoche. Yo no les puedo decir con palabras lo increíble que fue ese junte, aun a distancia. Ahí había gente haciendo chistes, enseñando a los perros, dando consejos de supermercados y hasta fregando en cámara —no voy a mencionar nombres, pero rima con Nonena Tierrrr—. Qué recuerdo tan bonito.

¿Por qué funcionó tan bien?

[+] Porque consultamos con nuestros productores de vídeo para realizar un tutorial para aumentar la calidad de grabación de las cámaras, y lo compartimos con los asistentes
[+] Porque enviamos un instructivo detallado sobre cómo usar Zoom correctamente con 36 personas, para que no nos habláramos encima de los demás
[+] Porque incluimos un elemento participativo y didáctico en el proceso, y está demostrado que esos componentes hacen que la gente se involucre y aprecie más lo que está haciendo
[+] Porque pusimos las cosas fáciles para poder cocinar de forma estandarizada y que todos tuviéramos la experiencia de “compartir” la misma comida
[+] Porque pusimos la protección sanitaria de nuestros invitados por encima de todo
[+] Porque tuvimos un cliente excelente que confió en hacer esta prueba primero que todo el mundo en República Dominicana, sin esperar a que otros confirmaran si se podía hacer
[+] Porque somos dominicanos y la chercha está en nuestro ADN, ya sea en persona, por Zoom, por Facetime, por señales de humo o por donde sea que volvamos a hacer (muy próximamente) eventos como este

Maenadas

Esta Maenada la escribo ya con 32 días de aislamiento casero por causa del COVID-19. Para alguien que vive de congregar a personas, ningún mes de ningún año me había cambiado tanto la vida profesional como este… pero, de hecho, este proceso me ha abierto los ojos sobre muchas cosas también a nivel personal. Así que abro hilo… o como sea que se diga aquí a nivel de blog.

[1] Todos los planes del mundo pueden cambiar en 24 horas

De chiquito me decían que debía soltar mi necesidad de controlar y organizar cada momento de mis días. Y sin embargo, yo tomé esa cualidad negativa y trabajé duro para tornarla en algo positivo: es por esa manía de planificarlo todo que Maeno&Co existe. Aparte, en lo personal, es la razón por la cual tengo mi dieta, mi ejercicio, mis viajes y todos mis calendarios planificados y cronometrados.

En mi mente, tener todo organizado me permitía prepararme para cualquier eventualidad. El problema es que la previsión nunca me dio para imaginar una fuerza mayor de este tipo. Por eso, en este mes me he dado cuenta de que debo hacer mis planificaciones con un margen de flexibilidad variable. Debo adaptar mis expectativas y hacer lo mejor posible con la situación. ¿Qué quiero decir con esto? Les voy a poner un ejemplo que en realidad es una metáfora: yo desde enero hice un plan de dieta y ejercicios para, en mi mente de cuerpo hot, estar al dente para Semana Santa. Gracias a la agencia de viajes Miss Rona, Semana Santa me agarró en el balcón de mis vecihermanos Mónika y Nassim. ¿Lección? Prepararse para una meta nunca es tiempo perdido, pero no debemos perder la esperanza si la meta cambia y no nos agarra preparados.

[2] No es lo mismo llamar al descanso que verlo llegar

Les confieso que en estos años han habido momentos en los que me he sentido saturado con tantas urgencias y responsabilidades en el trabajo. Por mi salud mental, decidí trabajar en un plan para bajar las revoluciones, dividir mis funciones y tener más tiempo para la vida sin el co. ¿Y saben qué? Nunca llegué a hacerlo. La contraparte de esa saturación es que yo amo lo que hago, y sin darme cuenta me enredaba cada vez más en las labores.

Pero la cuarentena me obligó a hacer lo que realmente quería. Me ha enseñado a profundizar y evaluar el propósito de cada cosa que hago. De esas reflexiones me llevo una lección para cuando estemos en la nueva normalidad: tengo que tener claro para qué estoy trabajando. ¿Lo que quiero es ser multimillonario? ¿O en vez de eso mi deseo es mantener mi estilo de vida pero tener más tiempo para mí y para mis seres queridos? Entendí que es esto último, y que para lograrlo tengo que hacer ajustes. Todavía no sé cuáles son estos ajustes, pero nada mejor que estos días de descanso forzado para pensarlos.

[3] Ahora entiendo mejor a los padres

No tengo instinto paternal y no está en mis planes ni deseos tener hijos. Quizás por eso no entendía la tensión con la que viven muchos padres y madres de mi edad. He pasado un buen tiempo con Nassim, Mónika y sus tres hijos, quienes me llaman Tío Maeno y me ven como una figura de autoridad. Eso ha sido un diplomado intensivo para mí: yo ya entiendo lo importante que es cuidar cada palabra y cada acción, porque los padres tienen la responsabilidad de componerle la brújula moral a esas personitas que están criando. Educar a un hijo es un reto muy grande, y no tenía ni idea de la carga emocional que conllevaba. Por eso, ahora entiendo mucho mejor a los padres que me rodean —y sobre todo, a los míos—.

[4] Hay que darse el tiempo de marinar

Yo hacía demasiadas cosas en un solo día… ¡y aun haciendo tanto me sentía que no había logrado todo lo que me había propuesto! Por eso es que muchas veces no nos sentimos felices con nosotros mismos: nos ponemos expectativas tan altas que son imposibles de cumplir, y entonces nos flagelamos con esos latigazos mentales.

Ahora que no vivo en esa carrera me he dado cuenta de algo: en vez de dedicarle el menor tiempo posible a algunas tareas, las he dejado marinar. Le he dado el tiempo prudente a conversaciones y reuniones con el equipo, los suplidores y los clientes, y esto ha traído sus frutos creativos y logísticos. Así que, si bien yo siempre he estado enfocado en eficientizar cada minuto, ahora me doy cuenta de que hay interacciones que merecen más tiempo para estar listas. Eso ha sido un aprendizaje invaluable: el tiempo es oro, pero en ambos lados de la balanza.

[5] El calendario futuro tiene la hora incorrecta

En estos momentos solo necesitamos tres cosas: salud, comida y techo. No necesitamos ni un reloj, ni una camisa ni unos tenis nuevos. Y sin embargo, esto me ha hecho apreciar mucho más esos objetos llenos de belleza que tengo en mi clóset. Algunos me los compré para ponérmelos o usarlos en un momento futuro, y ahora me doy cuenta de que no debí esperar para disfrutarlos. Si compramos estas piezas con la felicidad en mente, ¿para qué postergarla, si no sabemos cómo van a cambiar nuestras circunstancias?

Por eso creo que la vida, a través de este virus, me dio un mensaje claro: el futuro no es a seis meses… el futuro es hoy.